lunes, 2 de noviembre de 2009

El vuelo de Saint-Exupéry al Sur, una hazaña que cumple 80 años


MISION. EL PILOTO Y AUTOR FRANCES VINO AL PAIS PARA LANZAR UNA RUTA INEDITA.
EL AUTOR DE "EL PRINCIPITO" INAUGURO LA RUTA COMERCIAL HACIA LA PATAGONIA EN 1929
"La tierra donde las piedras vuelan", llamó Saint-Exupéry a la Patagonia. Fue la primera persona en sufrir el viento en las peores condiciones: a más de mil metros de altura, en un avioncito con cabina abierta. De aquella hazaña que fue el primer vuelo a la Patagonia se cumplieron ayer 80 años, y fue uno de los actos fundacionales de la aviación comercial argentina.
Antoine de Saint-Exupéry, el autor de El Principito, había llegado en barco a Buenos Aires el 12 de octubre de 1929, como jefe de la Aeroposta Argentina, filial de la francesa Aéropostale. Tenía 29 años, pero también el respaldo de haber trabajado desde 1926 para Latécoère, uniendo Francia con África. Lo esperaban sus compatriotas Jean Mermoz, Henri Guillaumet y Marcel Reine, quienes poco antes habían inaugurado la línea Buenos Aires-Asunción. Saint-Exupéry vino comisionado para lanzar la ruta sur. En la época del e-mail, cuesta imaginarse que la comunicación a distancia pasara por el correo, y que éste dependiera del ferrocarril... cuando lo había. Y hacia la Patagonia no había nada. El 31 de octubre, Saint-Ex -como le decían los amigos- despegó de Bahía Blanca a bordo de un Laté 25, un monomotor que no superaba los 180 kilómetros por hora. En ese primer vuelo hizo reconocimiento de escalas: San Antonio Oeste, Trelew y Comodoro Rivadavia; regresó en el día. Pese al esfuerzo, a las 7.30 del 1° de noviembre repitió el viaje, ya como vuelo inaugural. A las 4, un Laté 28, comandado por Jean Mermoz, había despegado hacia el sur desde General Pacheco. Saint-Exupéry llegó a Comodoro a las 16.50, doce minutos antes que Mermoz. De regreso, llevó a Trelew al primer pasajero, quien hizo en dos horas el viaje que en barco llevaba 20; pagó 100 pesos el pasaje, mientras que el franqueo costaba 15 centavos cada 5 gramos.
En enero de 1930, el piloto extendió la línea hasta Río Gallegos. Los 15 meses que vivió en la Argentina, los pasó desafiando los vientos patagónicos. "Los Laté 25 eran muy susceptibles de moverse con la turbulencia. En tierra, tenían que anclarlos con cadenas. Tanto al posarse como al despegar, debían acompañarlos sosteniendo las alas, corriendo junto al avión", cuenta el comodoro (R) Oscar Aranda Durañona, director de Asuntos Históricos de la Fuerza Aérea.
Con la cabeza al aire, los pilotos afrontaban los -10° con tricotas, un camperón de cuero forrado con corderito, botas, guantes y un mitón que colgaba del cuello, al igual que el altímetro. Sin aparatos, hacían navegación visual. Sin embargo, Saint-Exupéry prefería volar de noche, cuando no hay turbulencia. Regresó a Francia con el manuscrito de su novela Vuelo nocturno.
Clarín.com

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