viernes, 20 de enero de 2017

MIS FOTOS. DEL VIAJE DE SANTIAGO A PUNTA ARENAS (13/diciembre/2016) (II)

















ANTÁRTICA: Caminando entre pingüinos: Una crónica de la Antártida. Dos grados. La vida en Byers






Lo primero que uno ve cuando asoma la cabeza a través de la puerta de la tienda es una fantástica vista de una inmensa pradera de musgos, una amplia bahía y en los días claros la isla Decepción al frente. A la izquierda se puede observar el resto de la isla de Livingston y al fondo los picos nevados de los montes Friesland.


Amanecer en Byers significa salir de la confortabilidad del saco de dormir de plumas, algunas veces el único sitio donde es posible sentir algo de calor, a los 2 grados que reinan en el interior de la tienda. La primera acción es la misma que llevamos a cabo en nuestro hogar al despertarnos, ir al baño, solo que en el campamento no existe el baño como tal. En realidad una parte del baño ha quedado reducida a la mínima expresión que es lo que ocupa un bote o botella de plástico donde se puede evacuar lo que nuestros preciados riñones filtran durante la noche. Hay que recordar que en Byers no se puede verter ningún tipo de resto y solo en el caso de la orina esto puede hacerse en el mar. Asi que cuando el "baño" personal de cada uno se llena se observa una figura caminante que se dirige hacia el mar con la consabida botella para proceder a su eliminación. A esto lo hemos bautizado como “sacar al perro”, quien tenga perro sabrá por qué.




A continuación, la añorada ducha mañanera es sustituida por un ritual de limpieza “de gato” a partir de toallitas húmedas. Recordemos los 2 grados de temperatura, asi que el gato se limpia a considerable velocidad.

Logramos pues terminar de equiparnos con las multiples capas de ropa, 2 en las piernas y 3 o 4 en la parte superior, y salimos al exterior donde un viento más o menos fuerte nos recibe. Nos encaminamos hacia el igloo que está a unos 25 metros de las tiendas. Sería el equivalente de recorrer en nuestra casa el espacio entre el dormitorio y la cocina, solo que en lugar de 20 grados, tenemos un cero menos en la cifra.




En el igloo, nos espera una fantástica cafetera italiana, una plancha para calentar pan de molde, galletas, mantequilla, mermelada, miel. Un buen rato de desayuno, conversación con nuestros compañeros y disfrutar de un ambiente “cálido” donde hemos ganado dos o tres grados, ahora estamos a 5-6 grados. Y bien que se aprecian.

Llega otro de los momentos culminantes del día, tenemos que ir a trabajar a la pingüinera y debemos cumplir la regla de no dejar ningún resto y esto incluye las aguas mayores. Para evitar alguna situación incómoda conviene salir con los deberes hechos de casa. Y aquí encontramos la otra parte del baño. Habitualmente se instala una tienda letrina donde se ubica una especie de retrete construido con una silla sin asiento y debajo de ella un bote donde se pone una bolsa biodegradable fabricada a partir de maiz. Esta bolsa posteriormente se meterá en el bote personal de cada integrante del campamento, donde se irán depositando una bolsa tras otra y al final de la estancia se llevará al buque para ser incinerado su contenido.





Llegamos al momento de prepararse para salir a caminar hacia la pingüinera. Abrigados pero ajustando la cantidad de ropa a la temperatura y al ejercicio físico que se va a realizar, lo último que conviene es sudar en exceso y que el sudor se enfríe. Llevamos el material necesario para el trabajo, algo de comida y bebida y ropa de recambio por si acaso arrecia el mal tiempo y una ventisca nos pueda causar algún problemilla.

Del campamento a la pingüinera se tarda una hora caminando por la playa, unos 5 km, en la que tenemos que sortear con cuidado las decenas y decenas de elefantes marinos que jalonan todo el recorrido. Todo un espectáculo. En la pingüinera estaremos trabajando unas 5 o 6 horas dependiendo del día.





El trabajo en la pingüinera es más o menos sencillo, primero la captura del individuo seleccionado, para ello utilizamos un artilugio al que denominamos “cazapingüinos” y que no es más que un salabre de pesca. Al tiempo de la captura del adulto, los pollos se meten en una bolsa para protegerlos del frío y de la posible depredación por los skuas.




En esta campaña y como hemos comentado en otras entradas del blog, el objetivo principal es obtener información sobre el comportamiento de alimentación de los pingüinos en el mar y relacionarlo con diferentes factores, realizar comparaciones con otras especies y con otras poblaciones de la misma especie. Utilizamos para ello unos dispositivos adosados a las plumas de la espalda del pingüino y que llevan un GPS, un profundímetro, termómetro y acelerómetros. Así podremos saber cual es la distancia máxima recorrida, el tiempo invertido, las profundidades de buceo, la temperatura del agua y el gasto energético asociado al tiempo que han estado en el mar. También nos permitirá saber los recambios que hacen en el nido con la pareja, e incluso la actividad que haya podido tener en el nido defendiendo el nido de vecinos o skuas. El dispositivo se deja en el pingüino durante 5 días y al quinto día se recaptura para retirarlo y descargar los datos. Después de recargar el dispositivo y borrar los datos, queda listo para utilizarlo en otro individuo. El día de la retirada del aparato se procede también a la toma de muestras y extracción de sangre a partir de la cual sabremos desde la dieta que ha tenido el individuo, su estado de salud, y el coste de los viajes realizados en términos fisiológicos entre otras cosas.








El tiempo pasa en la pingüinera entre captura y captura, disfrutando del paisaje y sufriendo también los rigores antárticos, con sensaciones térmicas de -6 grados y una alta humedad, tratando en ocasiones de buscar el mayor reparo frente al viento. Una breve parada para comer algo de embutido, queso, pan y aprovechando las cercanías de la navidades algo de turrón y el trabajo continua.
Finalmente, llega el momento de volver al campamento. La vuelta es más costosa y el camino sobre algunas zonas de la playa con arena se hace algo largo, pero poco a poco vamos sobrepasando cada una de las puntas de roca que sobresalen hacia el mar y nos vamos acercando. Mas elefantes, alguna foca, petreles gigantes que crían en las cercanías, gaviotas y los chillidos de los charranes nos acompañan en el trayecto.



Llegar al campamento significa seguir con el trabajo, hay que procesar la sangre obtenida y congelar las muestras que serán analizadas a la vuelta a España.

Al terminar, nos espera la cena, es lo primero que comeremos caliente desde el desayuno. Afortunadamente no tenemos que cocinar, contamos con los guisos realizados en la base Juan Carlos I o previamente en el buque Sarmiento de Gamboa y que se han congelado y envasado al vacío. Asi que solo nos queda descongelarlo con ayuda de agua caliente, calentarlos y servirlos. Las lentejas, garbanzos o merluza son realmente celebradas como lo que son un gran manjar.

Se acerca pues el final del día, los de mucha humedad son los peores, el frío se cuela hasta los huesos y las capas de ropa van aumentando incluso dentro del igloo. Con suerte llegamos a tener 9 grados después de calentar la comida. Algo de sobremesa, y la mente puesta en el hueco confortable del saco de dormir, pero antes de llegar a él hay que atravesar los cero grados de la tienda. Ritual de desvestirse, no mucho pero si muy rápido.



Algo de lectura mientras el ruido de los elefantes sirve de arrullo, sin embargo parece que el viento no quiere perder su protagonismo y su rugir llega algunas veces con furia. Poco a poco, el cansancio se adueña de la mente, y a esperar la aventura del nuevo día. Con suerte tendremos dos grados al levantarnos.

Andrés Barbosa
Caminando entre pinguinos

IMÁGENES ACTUALES EN LA ANTÁRTICA EN BASES AUSTRALIANAS

Map of Antarctica showing research stations and key locations

Casey station

Casey station webcam image: Saturday, 21 January 2017, 11:10 am. Air temperature: 3.2°C. Wind speed: 113.0 km/h

Davis station

Davis station webcam image: Saturday, 21 January 2017, 7:10 am. Air temperature: 1.0°C. Wind speed: 18.5 km/h

Macquarie Island

Macquarie Island station webcam image, looking North. Saturday, 21 January 2017, 11:18 am. Air temperature: 8.2°C.  Wind speed: 11.1 km/h

Mawson station

Mawson station webcam image: Saturday, 21 January 2017, 5:15 am. Air temperature: -3.4°C. Wind speed: 46.3 km/h

ANTÁRTICA. Los vientos infernales de la Antártida

El autor, Federico Bianchini, durante su viaje a la Antártida. FOTO EMILIANO DEPINO//NY TIMES//TEXCOCO PHOTO

En febrero de 2014, Federico Bianchini viajó a la Antártida para hacer una crónica sobre el trabajo científico en la base Doctor Alejandro Carlini. Fue inicialmente por 10 días, pero debido a la furia del viento y las tormentas de nieve, el avión que debía llevarlo de regreso a Buenos Aires no pudo aterrizar y Bianchini se quedó un mes encerrado en el continente helado. Recorrió glaciares, ayudó a hacer censos de animales y a sacarle sangre a los pingüinos. Regresó con 48 horas de entrevistas a los científicos y militares de la base argentina. El resultado de ese viaje es “Antártida: 25 días encerrado en el hielo”, un libro que ganó la beca Michael Jacobs de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano y que la editorial Tusquets publicará este mes en América Latina. Este es un fragmento adaptado de ese libro.


NUEVA YORK.- (Texcoco Press).- A las ocho y diez de la noche, el biólogo se prepara para salir por la puerta del alojamiento nuevo que da al norte. Aunque todavía faltan 20 minutos para la cena, quiere ver un poco de televisión, charlar con los cocineros. Afuera, el viento acecha furioso: oriental, catabático u occidental, arremete desesperado. El biólogo se pone las botas, la campera y el gorro. Mueve la palanca que traba la puerta. Intenta salir. Sale. El alojamiento principal, donde está el comedor, queda a la derecha: a unos 150 metros por lo menos. El hielo resbaladizo y la fuerza lateral hacen que se desplace hacia la izquierda. Y el biólogo regresa: a ver si por la puerta que da al este hay menos viento, o si consigue a alguien que lo acompañe.


“Viento estancado.

Arriba el sol.

Abajo las algas temblorosas”, escribió alguna vez Federico García Lorca.
Aquí, en las Shetland del Sur, el viento se estanca sucesivo y puntual. Tan violento que en días de ráfagas continuas, si uno abre los brazos e inclina el cuerpo hacia atrás, no cae; apoyado sobre los talones, queda suspendido. Por esa fuerza animal, durante unos segundos, siente que está flotando.

***

Debido a la forma en que aúllan, a los vientos que giran cerca del paralelo 60, que delimita el continente antártico, los llaman los bramadores 60 o shrieking sixties.

Se mueven de oeste a este en ese círculo, una especie de franja, un anillo de baja presión que se genera por el movimiento de la atmósfera a escala planetaria. Y si bien pasa algo parecido en el Polo Norte, allí la masa continental los interrumpe, los disipa, los enfrenta hasta callarlos. Aquí, océano puro, la circulación es mucho más libre: por efecto de la rotación de la Tierra se desvían, se aceleran, no se detienen.

Culpables de olas de más de diez metros de alto en el estrecho de Drake, tienen fama de ser más poderosos que los que soplan alrededor del paralelo 40 (los rugientes 40 o roaring forties al sur de Oceanía) y de los que circulan próximos al paralelo 50 (los furiosos 50 o furious fifties al sur de Argentina, Chile y Nueva Zelanda).

En 1520, Fernando de Magallanes sintió su fuerza en la barba hirsuta. Luego, por cientos de años, marinos de todos los continentes han repetido la frase: “Debajo de los 40 grados, no hay ley. Debajo de los 50, no hay Dios. Debajo de los 60, al agua la agita el Diablo”.

Incansables, estos vientos que pueden llegar a los 320 kilómetros por hora funcionan como una barrera que aísla el continente antártico: encierran el frío y lo recorren.

Hay vientos que soplan del oeste y traen masas de aire húmedas y relativamente cálidas. Hay vientos que soplan del este, que vienen del mar de Weddell, más secos, más fríos. Hay vientos blancos. Hay vientos que no tienen color.

También hay otros, llamados catabáticos: se producen cuando el aire cercano a la superficie se enfría y, como si resbalara, desciende siguiendo las pendientes. A medida que circulan, se hacen más gélidos, más densos, más veloces.

Cuando no encuentran obstáculos a su paso, los vientos no suenan. Se mantienen en silencio. Pero al rozar con la aspereza de las rocas húmedas, la suavidad del liquen, el laboratorio argentino, la nieve, el cerro Tres Hermanos, las plumas de un skúa o el lomo de un elefante marino, surge un silbido constante. El viento ulula incansable.


***

En la base Doctor Alejandro Carlini, dos hombres miden el viento. Uno es alto y tiene barba, el otro es más bajo: la cabeza rapada. Hablan poco. Quizás acostumbrados por su trabajo, que requiere paciencia y temple. O, tal vez, elegidos para hacerlo por su condición apacible. ¿Quién podría decir si dentro de ellos no se agitan demonios? Sin embargo, parecen adaptarse a lo que sucede a su alrededor sin alterarse demasiado.

Trabajan en turnos. Durante todo el año, sin importar la cantidad de luz que envuelva la base, uno cubre las primeras doce horas del día, el otro las siguientes. Permanecen en una habitación junto a un barómetro, que registra la presión momento a momento, y un barógrafo, que asienta la variación en una hoja cuadriculada (una especie de electrocardiograma de la presión antártica, que suele ser baja y muy cambiante: en la base Carlini, la normal es de 994 hectopascales). A fin de mes, las hojas se ponen en un sobre y, cuando se puede, se mandan a Buenos Aires.

Cada tres horas, aunque llueva o haya un viento que lastima, se ponen el buzo, la campera, las botas, los guantes y el gorro, salen de la habitación de meteorología y caminan unos 30 metros hacia donde está la zona de medición, una especie de casita de pájaros con la bandera argentina. Allí hay termómetros y un pluviómetro: un aparato que mide la cantidad de agua caída.

A unos metros, un heliógrafo mide las horas en las que el sol alumbra: instrumento particular y hermoso, quedaría bien como adorno de biblioteca. Tiene una esfera de cristal que funciona como lupa, sostenida por una estructura metálica. Debajo de ella, una faja de papel con forma de medialuna, y de distintas medidas. Una más larga para el verano. Otra, mediana, para cuando los días se abrevian. Y una última, la más corta, para cuando la oscuridad cubre la base. Sobre el papel están marcadas las horas desde las 6 hasta las 18. Como puede haber más de doce horas de sol, se colocan dos. Cuando no hay nubes y el sol brilla sobre el hielo, el papel se quema.

Si trabajan de noche, no almuerzan, se levantan alrededor del mediodía. Entre salida y salida, descansan, pero tampoco tienen mucho tiempo. Hay que bajar los datos, organizar las planillas.

Cada vez que el avión Hércules está por acercarse a la Antártida, el hombre de barba o el de cabeza rapada reciben un mensaje de la base Marambio: “Empecemos a hacer horario”. Cuando hay un vuelo, se necesitan datos mucho más precisos. Y el tiempo entre una emisión de datos y la siguiente se reduce: cada 60 minutos, uno u otro debe abrigarse, salir y revisar los termómetros, el pluviómetro, el heliógrafo, volver y pasar esos datos a un código numérico, complejo y de lectura internacional que se manda a la base Marambio. Desde allí, la información se retransmite a Buenos Aires, donde se programan las salidas y las entradas del Hércules a la Antártida. En la computadora, el hombre de barba o el de la cabeza rapada tipean:


“SMYJ91 SAYJ 241800
AAXX24184
24184 89053 32362 82727 10022 20006 30021 40035 57021 8667/333 56609 83708 85615 85556 92447 94079 94476 98562 555 10034 52735”.


Traducido significa que en una hora principal (SM), desde la base que hasta hace unos años se llamaba Jubany y hoy es Doctor Alejandro Carlini (YJ: el cambio de nombre todavía no ha sido registrado por los sistemas internacionales de codificación), por el canal de comunicación se emitirá un mensaje que va a dar cuenta de la cantidad de nubes, el tipo, los grupos y la altura; la velocidad y la dirección del viento, si hay ráfagas; el punto de rocío; la presión; la tensión de vapor y la humedad; el estado del mar en la caleta y la visibilidad que hubo el 24 de febrero a las tres de la tarde de Argentina (hora de Greenwich: las 18) en la estación. Por ejemplo: 92447 indica que el pedacito de mar que ocupa la caleta (24) tiene el agua agitada (4), con una visibilidad de 12 kilómetros (7). Y 94079 señala que la nube más baja que hay es una stratus pero que va cambiando muy rápido. Mientras que el 94476 (claramente) se refiere a la misma nube. Agrega un dato: está viniendo del oeste.

La cena, luego de un día quieto, es multitudinaria. A medida que llegan al restaurante, científicos y militares hacen fila con un plato en la mano. Uno le pregunta a otro si sabe en qué anda su mujer y varios se ríen. Al otro lado de la barra, el cocinero, su segundo y los ayudantes sirven la comida. Hay fideos con boloñesa. Un comensal pide que le den más salsa. Otro se queja de que no le tocó ninguna albóndiga. El cocinero le dice que si vuelve a protestar la próxima vez le toca sin fideos. Una bióloga, vegetariana, dice que los prefiere con manteca y queso. Mientras algunos caminan hacia las mesas con sus platos rebosantes, otros se acercan por segunda vez a la cocina para repetir. De pie, uno de los informáticos de la base pide atención.

—¡Acuérdense de que hoy, viernes, hay cine!

Varios aplauden.

—¿Qué película?— grita uno, pero la pregunta se pierde en la superposición de sonidos: ruido de cubiertos contra platos, el relato de un partido que están pasando en la televisión, las voces y las risas.

El 11 de abril de 2005 se inauguró en Carlini la Sala del Bicentenario: con 53 butacas, es la primera sala cinematográfica del continente antártico.

Después de la cena, la base va al cine: detrás del alojamiento nuevo, en la misma construcción donde funciona el gimnasio, hay una sala como cualquier otra sala de cine, solo que aislada del mundo. Al entrar, todos dejan los abrigos y las botas. Luego de pasar la puerta, en una especie de barra, un buzo arma los conos de papel, otro los llena de pochoclo (palomitas de maíz) y los reparte. A veces, el azúcar se enquista y los pochoclos tienen el tamaño de la mano de un bebé. O quedan maíces sin explotar, durísimos. Pero no hay quejas porque allí, durante dos horas, nadie se acuerda del frío, de la nieve ni del viento: por un rato, uno se olvida de que está lejos de todo, de que no puede volver o de que extraña.

Es tarde cuando termina la última película del director italiano Giuseppe Tornatore que todavía no se estrenó en los cines de Buenos Aires. Alguien enciende las luces, uno se despereza, otro se refriega los ojos: demasiada luz de golpe. Alguien pregunta cuál era el título de la película. Ninguno se acuerda. ¿Alguien se fijó? ¿Importa? En un silencio respetuoso, vamos a buscar los abrigos, las botas que quedaron en la antecámara.

—¿Todos listos? —grita un biólogo.

Alguien dice que sí y el primero mueve la manija, la puerta se abre y el viento irrumpe. La puerta golpea. Durante unos segundos, nadie sale. Lo haremos después de las risas ¿incómodas? sobre el comentario de alguien que dice:

—Me había olvidado de que estábamos en el infierno.

NY TIMES/FEDERICO BIANCHINI

AlianzaTEX

Larsen ice crack continues to open up



Larsen C graphic

The crack that looks set to spawn a giant iceberg in the Antarctic has continued to spread.
The rift in the Larsen C Ice Shelf has grown a further 10km since 1 January.
If the fissure propagates just 20km more, it will free a tabular berg one-quarter the size of Wales.
That would make it one of the biggest icebergs ever recorded, according to researchers at Swansea and Aberystwyth universities, and the British Antarctic Survey.
News of the lengthening crack in the 350m-thick floating ice shelf on the eastern side of the Antarctic Peninsula comes from the EU’s Sentinel-1 satellite system.
Comprising two spacecraft, this orbiting capability can continuously monitor Larsen C no matter what the weather is doing because its radar sensors see through cloud.
Their data indicates the fissure now extends for some 175km. But just how long it will take before the 5,000 sq km block finally breaks free is anyone’s guess, says Swansea's Prof Adrian Luckman.
"The rift tip has just entered a new area of softer ice, which will slow its progress," he told BBC News.
"Although you might expect any extension to hasten the point of calving, it actually remains impossible to predict when it will break because the fracture process is so complex.
"My feeling is that this new development suggests something will happen within weeks to months, but there is an outside chance that further growth will be slow for longer than that.
"Sometimes rift growth is triggered by ocean swell originating elsewhere, which is also hard to predict."
ice shelf rift
Images taken in November last year illustrate the scale of the rift


When the berg splits away, interest will centre on how the breakage will affect the remaining shelf structure.
The Larsen B Ice Shelf further to the north famously shattered following a similar large calving event in 2002.
The issue is important because floating ice shelves ordinarily act as a buttress to the glaciers flowing off the land behind them.
In the case of Larsen B, those glaciers subsequently sped up in the absence of the shelf. And it is the land ice - not the floating ice in a shelf - that adds to sea level rise.
If Larsen C were to go the same way it would continue a trend across the Antarctic Peninsula.
In recent decades, a dozen major ice shelves have disintegrated, significantly retreated or lost substantial volume - including Prince Gustav Channel, Larsen Inlet, Larsen A, Larsen B, Wordie, Muller, Jones Channel, and Wilkins.
Larsen C imaged by
How the rift appeared to Sentinel-1 at the beginning of the month
Another development to watch will be the behaviour of the free floating berg, and its progress away from the Antarctic.
"Sea ice in the region circulates clockwise with the Weddell Gyre, rather than remaining in one place, and icebergs can be carried with this, sometimes out into the Southern Ocean," explained Prof Luckman.
"It all rather depends on how soon the iceberg breaks up, and how the iceberg draft compares with ocean depths.
"Ocean depths are not perfectly known in the region precisely because the near continuous ice cover makes ship operations difficult."
Many of the big tabular bergs produced in this region of the Antarctic get swept up in currents that eventually take them north towards the British overseas territory of South Georgia.
There, they can be caught in shallow waters to gradually wither away.
This ocean conveyor is the same one exploited by Ernest Shackleton to get his crew to safety when their ship, the Endurance, was crushed in thick sea-ice in the Weddell Sea in 1916.
South Georgia
The remnants of many such bergs end up at South Georgia

A-38
The mighty A-38 berg reached South Georgia after six years of drifting


By Jonathan Amos


Halley Research Station Antarctica to close for winter/Por razones de seguridad se cambia de ubicación la Estación de Investigación Halley VI

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Halley VI Research Station is currently being relocated to a new site 23 kms upstream




British Antarctic Survey (BAS) has decided not to winter at Halley VI Research Station for safety reasons. The station, which is located on the floating Brunt Ice Shelf in Antarctica, will shut down between March and November 2017.  Changes to the ice, particularly the growth of a new crack, presents a complex glaciological picture that means that BAS scientists are unable to predict with certainty what will happen to the ice shelf during the forthcoming Antarctic winter. As a precautionary measure BAS will remove its people before the Antarctic winter begins.
Halley VI station is in the final stages of being relocated 23 km from its present site to put it upstream of a previously dormant ice chasm that began to show signs of growth in 2012.


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In October 2016, a second crack appeared some 17 km to the north of the research station.  Since then glaciologists have monitored the growth of this crack using a network of GPS instruments that measure the deformation of the ice, together with European Space Agency satellite imagery, ground penetrating radar, and on-site drone footage, which show that the recent changes to the Brunt Ice Shelf have not been seen before.  They have run computer models and created bathymetric maps to determine whether or not a large iceberg will calve, and the impact that could have on the remaining ice shelf.  They conclude that they are unable to predict with certainty what will happen to the ice shelf during the forthcoming Antarctic winter and beyond.

There is no immediate risk to the people currently at the station, or to the station itself.  However, there is sufficient uncertainty about what could happen to the ice during the coming Antarctic winter for BAS to change its operational plans.  BAS is confident of mounting a fast uplift of personnel during summer months if a fracturing of the ice shelf occurred.  However, access to Halley by ship or aircraft is extremely difficult during the winter months of 24-hour darkness, extremely low temperatures and the frozen sea.  The Director of BAS has therefore decided that it is prudent for safety reasons to shut down the station as a precautionary measure and remove its people before the Antarctic winter begins.  There are currently 88 people on station including summer-only staff working on the relocation project and 16 who were scheduled to over-winter.
Every effort is currently being made to ensure the continuity of long-term scientific data capture in these circumstances.  Options to temporarily redeploy research and technical support teams to other parts of BAS are being explored.
Halley VI Research Station is an internationally important platform for global earth, atmospheric and space weather observation in a climate-sensitive zone.  In 2013 the station attained the World Meteorological Organization (WMO) Global Atmosphere Watch (GAW) Global station status, becoming the 29th in the world and 3rd in Antarctica.
Director of Operations Captain Tim Stockings says,
“Halley VI Research Station sits on a floating ice shelf.  It was designed specifically to move inland if required.  The current work to relocate our station is going very well.  This challenging engineering project is scheduled to complete as planned by early March 2017.  We want to do the right thing for our people.  Bringing them home for winter is a prudent precaution given the changes that our glaciologists have seen in the ice shelf in recent months.  Our goal is to winterise the station and leave it ready for re-occupation as soon as possible after the Antarctic winter.”

About Halley VI
Halley VI Research Station sits on Antarctica’s 150-m thick Brunt Ice Shelf. This floating ice shelf flows at a rate of 0.4 km per year west towards the sea where, at irregular intervals, it calves off as icebergs. Halley is crucial to studies into globally important issues such as the impact of extreme space weather events, climate change, and atmospheric phenomena. It was ozone measurements at Halley that led to the discovery of the Antarctic Ozone Hole in 1985 — they are now being used to evaluate its recovery.
Long-term monitoring of the natural changes that occur in the ice shelf has revealed changes, including recent growth of a chasm that was previously dormant for around 35 years.  Preparatory work for the re-location was carried out during the 2015-16 Antarctic Summer season (Nov-March), and moving the station is almost complete.  This involved uncoupling the 8 station modules and using large tractors to transport each module further inland.
There have been six Halley research stations on the Brunt Ice Shelf since 1956.
About closing the station for winter
Whilst BAS is confident of mounting a fast uplift of personnel during summer months if a fracturing of the ice shelf occurred the same cannot be said for winter.
Between now and early March science and technical teams will complete the relocation of the station modules and prepare them for winter and ready for recommissioning next season.  Remote instruments will continue to capture and store data about movement of the ice shelf.  A staged removal of summer-only personnel whose work on the relocation is complete is expected to begin in early-February.  All remaining personnel are scheduled to leave by early March.
About Halley science
  • Ozone measurements that have been made continuously at Halley since 1956 (which led to the discovery of the ozone hole), contribute to the WMO’s Earth Observation strategy for co-operation and integrated systems for monitoring of the atmosphere.
  • Space weather data captured at Halley contributes to the Space Environment Impacts Expert Group that provides advice to Government on the impact of space weather on UK infrastructure and business.
  • During recent winters, Halley has participated in a European Space Agency research experiment into prolonged human space flight. This project seeks to test how people can adapt to life in remote and isolated locations.
 About the re-location project
  • Halley Research Station is modular. Each module is being de-coupled from the others and towed across the ice by tractors
  • In 2015/16 field season, glaciologists and operational teams conducted a survey to identify a new site for Halley Research Station which is located 23 km upstream on the Brunt Ice Shelf.
  • The relocation project is being carried out over three years. Work began in 2015-16 with in-depth site surveys, detailed ice monitoring and initial preparations to de-couple the modules.
  • During the 2016-17 Antarctic summer season temporary camps for housing the workforce were established and station modules and other infrastructure moved to the new site. These will be removed by the end of summer.
  • Temporary containerised science facilities and accommodation units were set up to keep science projects going during winter.


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As of 16 January, seven of the eight Halley modules have been successfully towed to the new site at Halley 


Britain in Antarctica

  • British Antarctic Survey’s Rothera Research Station is not affected by the Halley VI winter closure. Therefore, there will be a continuous UK Antarctic presence over this period.  Bird Island and King Edward Point – the subantarctic stations operated on South Georgia – will continue to operate year-round also.
  • The Government has an ongoing commitment to Antarctic science and UK presence in the region.



British Antarctic Survey (BAS) ha decidido no invernar en la Estación de Investigación Halley VI por razones de seguridad. La estación, que se encuentra en la plataforma flotante de hielo Brunt en la Antártida, se cerrará entre marzo y noviembre de 2017. Los cambios en el hielo, en particular el crecimiento de una nueva grieta, presentan un panorama glaciológico complejo que significa que los científicos BAS son incapaces de Predecir con certeza qué pasará con la plataforma de hielo durante el próximo invierno antártico. Como medida de precaución, BAS retirará a su gente antes de que empiece el invierno antártico

La estación Halley VI se encuentra en la etapa final de ser reubicada a 23 km de su actual emplazamiento para situarla aguas arriba de un agujero de hielo inactivo que comenzó a mostrar signos de crecimiento en 2012.


En octubre de 2016, una segunda grieta apareció unos 17 km al norte de la estación de investigación. Desde entonces, los glaciólogos han monitoreado el crecimiento de esta grieta usando una red de instrumentos GPS que miden la deformación del hielo, junto con imágenes satelitales de la Agencia Espacial Europea, radar de penetración en tierra y secuencias de drones in situ, que muestran que los cambios recientes La plataforma de hielo Brunt no se han visto antes. Han ejecutado modelos informáticos y han creado mapas batimétricos para determinar si un gran iceberg parará o no, y el impacto que podría tener sobre el estante de hielo restante. Concluyen que no pueden predecir con certeza qué pasará con la plataforma de hielo durante el próximo invierno antártico y más allá.

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No hay ningún riesgo inmediato para la gente actualmente en la estación, o para la estación sí mismo. Sin embargo, hay suficiente incertidumbre sobre lo que podría suceder al hielo durante el invierno antártico para que BAS cambie sus planes operacionales. BAS está seguro de montar un levantamiento rápido de personal durante los meses de verano si se produce una fractura de la plataforma de hielo. Sin embargo, el acceso a Halley por barco o avión es extremadamente difícil durante los meses de invierno de 24 horas de oscuridad, temperaturas extremadamente bajas y el mar congelado. Por lo tanto, el Director de BAS ha decidido que es prudente por razones de seguridad cerrar la estación como medida de precaución y retirar a su gente antes de que empiece el invierno antártico. En la actualidad hay 88 personas en la estación, incluyendo el personal sólo de verano que trabaja en el proyecto de reubicación y 16 que estaban programadas para pasar el invierno.

Actualmente se está haciendo todo lo posible para garantizar la continuidad de la captura de datos científicos a largo plazo en estas circunstancias. Se están explorando las opciones para reasignar temporalmente equipos de investigación y apoyo técnico a otras partes del BAS.

La Estación de Investigación Halley VI es una plataforma internacionalmente importante para la observación global del tiempo terrestre, atmosférico y espacial en una zona sensible al clima. En 2013, la estación alcanzó el estatus de estación mundial de la Atmósfera Global Watch (GAW) de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), convirtiéndose en la 29ª en el mundo y 3ª en la Antártida.


El director de operaciones capitán Tim Stockings dice,

"Halley VI Research Station se encuentra en una plataforma de hielo flotante. Fue diseñado específicamente para moverse tierra adentro si es necesario. El trabajo actual para trasladar nuestra estación va muy bien. Este desafiante proyecto de ingeniería está programado para completar como estaba planeado a principios de marzo de 2017. Queremos hacer lo correcto para nuestra gente. Traerlos a casa para el invierno es una precaución prudente dados los cambios que nuestros glaciólogos han visto en la plataforma de hielo en los últimos meses. Nuestro objetivo es invernizar la estación y dejarla lista para la re ocupación tan pronto como sea posible después del invierno antártico ".

Acerca de Halley VI


La estación de investigación Halley VI se encuentra en la plataforma de hielo Brunt de 150 metros de ancho de la Antártida. Esta plataforma de hielo flotante fluye a una velocidad de 0,4 km por año hacia el oeste hacia el mar, donde, a intervalos irregulares, cría como icebergs. Halley es crucial para los estudios sobre temas de importancia mundial como el impacto de eventos climáticos extremos en el espacio, el cambio climático y los fenómenos atmosféricos. Fueron las mediciones de ozono en Halley las que condujeron al descubrimiento del Agujero Antártico de Ozono en 1985 - ahora se utilizan para evaluar su recuperación.


El monitoreo a largo plazo de los cambios naturales que ocurren en el estante de hielo ha revelado cambios, incluyendo el reciente crecimiento de un abismo que antes estaba inactivo por alrededor de 35 años. Los trabajos preparatorios para la reubicación se llevaron a cabo durante la temporada de Verano Antártico 2015-16 (noviembre-marzo), y el traslado de la estación está casi terminado. Esto implicó el desacoplamiento de los 8 módulos de la estación y el uso de tractores grandes para transportar cada módulo más tierra adentro.

Ha habido seis estaciones de investigación Halley en la plataforma de hielo Brunt desde 1956.


Sobre el cierre de la estación para el invierno

Mientras que BAS está seguro de montar un levantamiento rápido de personal durante los meses de verano si una fractura de la plataforma de hielo ocurrió lo mismo no se puede decir para el invierno.

Entre ahora y principios de marzo, los equipos científicos y técnicos completarán la reubicación de los módulos de la estación y los prepararán para el invierno y estarán listos para la próxima temporada. Los instrumentos remotos continuarán capturando y almacenando datos sobre el movimiento de la plataforma de hielo. Se espera que una remoción gradual del personal sólo de verano, cuyo trabajo sobre la reubicación esté completo, comience a principios de febrero. Todo el personal restante está programado para salir a principios de marzo

Acerca de la ciencia en Halley 

Las mediciones de ozono que se han realizado de forma continua en Halley desde 1956 (que condujeron al descubrimiento del agujero de ozono), contribuyen a la estrategia de observación de la Tierra de la OMM para la cooperación y sistemas integrados de vigilancia de la atmósfera.

Los datos meteorológicos espaciales capturados en Halley contribuyen al Grupo de Expertos en Impactos Ambientales en el Espacio que brinda asesoramiento al Gobierno sobre el impacto del tiempo espacial en la infraestructura y los negocios del Reino Unido.

Durante los últimos inviernos, Halley ha participado en un experimento de investigación de la Agencia Espacial Europea en vuelo espacial humano prolongado. Este proyecto busca probar cómo las personas pueden adaptarse a la vida en lugares remotos y aislados.

Acerca del proyecto de reubicación

Halley Research Station es modular. Cada módulo está siendo desacoplado de los otros y remolcado a través del hielo por los tractores

En la temporada de campo de 2015/16, los glaciólogos y los equipos operacionales realizaron una encuesta para identificar un nuevo sitio para la Estación de Investigación Halley, que se encuentra a 23 km río arriba en la plataforma de hielo Brunt

El proyecto de reubicación se está llevando a cabo durante tres años. El trabajo comenzó en 2015-16 con profundas encuestas de sitio, monitoreo detallado del hielo y preparaciones iniciales para desacoplar los módulos.


Durante la temporada de verano de la Antártida de 2016-17, se establecieron campamentos temporales para la vivienda y se trasladaron los módulos de la estación y otras infraestructuras al nuevo emplazamiento. Estos serán removidos para el final del verano.

Se establecieron instalaciones temporales de contenedores de ciencias y unidades de alojamiento para mantener los proyectos científicos durante el invierno.


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A partir del 16 de enero, siete de los ocho módulos de Halley han sido remolcados con éxito al nuevo sitio de Halley


Gran Bretaña en la Antártida

La estación de investigación Rothera de British Antarctic Survey no se ve afectada por el cierre de invierno de Halley VI. Por lo tanto, habrá una continua presencia antártica del Reino Unido durante este período. Bird Island y King Edward Point - las estaciones subantárticas operadas en Georgia del Sur - seguirán operando todo el año también.

El Gobierno tiene un compromiso permanente con la ciencia antártica y la presencia del Reino Unido en la región.

BAS

LA REPERCUSIÓN DE ESTA NOTICIA EN ALGUNOS MEDIOS

Cerraron una base británica en la Antártida por una grieta en el hielo

La base antártica Halley VI fue cerrada por la aparición de una grieta de

40 kilómetros en el hielo. El tamaño de la falla se duplicó en tres meses.

Una grieta que se extiende por cerca de 40 kilómetros obligó a cerrar la base británica en la Antártida Halley VI, que se dedica a monitorear el calentamiento global. Ahora, la estación será reubicada a 23 kilómetros hacia el interior del continente.


Como fue descubierta el 31 de octubre, los investigadores la bautizaron "Grieta Halloween" y su tamaño se duplicó en tres meses.

Según se anunció, Halley VI permanecerá cerrada durante el invierno como una "precaución prudente". Las mediciones de la base condujeron al descubrimiento del agujero de ozono en 1985.
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Peligra una base antártica británica por grietas en el hielo


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Los 88 científicos del complejo Halley VI debieron ser evacuados. Desde allí se descubrió, en 1985, el agujero de ozono sobre la Antártida.


Una nueva grieta en la Antártida obligó a los científicos de la estación británica Halley VI a ser evacuados: en sólo tres meses, el agujero en la capa de hielo duplicó su tamaño.
Así, la central de investigación estará cerrada durante el invierno del hemisferio Sur como “precaución prudente”, comunicó el British Antarctic Survey (BAS).
La evacuación se produjo dos semanas después de la decisión de reubicar a Halley VI por una amenaza mayor: una cavidad, denominada Sima 1, que se abría hacia el sur y había cortado las comunicaciones entre la plataforma y el resto de la estación.
La estación Halley VI, compuesta por ocho módulos construidos sobre piernas hidráulicas con esquís gigantes, se encuentra en la plataforma de hielo Brunt desde 2012 y fue diseñada pensando en su potencial movimiento.
Sin embargo, la estación de investigación permanecerá cerrada de marzo a noviembre de 2017 y sus científicos deberán mudarse “a un lugar más estable”.
El BAS dijo que los cambios en el hielo -y en particular el crecimiento de esta nueva grieta- presentaban un “panorama glaciológico complejo” que significaba que los científicos no podían predecir con certeza qué pasaría con la plataforma de hielo en el próximo invierno.
“Partes de la plataforma de hielo se separan periódicamente de la capa de hielo flotante, creando icebergs”, detallaron. Los glaciólogos hicieron modelos computarizados y crearon mapas para determinar la probabilidad y el impacto de la grieta, pero hubo “suficiente incertidumbre” como para preocuparse.
Hay 88 personas en la estación, la mayoría permanecen allí sólo en el verano y luego vuelven a Inglaterra. El problema radica en que podrían ser evacuados rápidamente si el hielo se fractura en los meses de calor, pero no durante el invierno, con la oscuridad de 24 horas, temperaturas extremadamente bajas y el mar congelado.
El capitán Tim Stockings, director de operaciones, dijo en un comunicado que la misión tenía el objetivo de dejar la estación lista para la pre-ocupación tan pronto como sea posible después del invierno antártico.
“Queremos hacer lo correcto para nuestra gente. Llevarlos a casa para el invierno es una precaución prudente dados los cambios que nuestros glaciólogos vieron en la plataforma de hielo en los últimos meses “, dijo. 
La reubicación está en su etapa final, con siete de los ocho módulos arrastrados 23 km hacia el interior y fuera de la plataforma con dos grietas en el hielo. Una había estado inactiva por lo menos 35 años antes de mostrar signos de crecimiento en 2012.
La otra, apareció en octubre de 2016 y mostró un crecimiento “nunca antes visto en tan poco tiempo”.
Las mediciones de ozono en Halley VI condujeron al descubrimiento del agujero de ozono antártico en 1985 y la estación es crucial para monitorear el cambio climático.
El BAS cerró el comunicado aclarando que “se están haciendo todos los esfuerzos para continuar los experimentos científicos en curso” y que se estaban explorando las “opciones para reasignar temporalmente equipos de investigación” y apoyo técnico a otras partes de la organización. 
LOS ANDES