sábado, 18 de mayo de 2013
Juncus bufonius, un nuevo “inmigrante” en la Antártica marítima
Por Marely Cuba y Mauricio Rondanelli
En camino hacia la Antártida
En septiembre de 1988, España es aceptada como Miembro Consultivo del Tratado Antártico, poniéndose en marcha, dentro del Plan Nacional de Investigación, un Programa Nacional de Investigación Antártica, cuyo objetivo fundamental es la coordinación de los distintos proyectos de investigación, así como proporcionar el respaldo económico y logístico necesario para la materialización de los proyectos.
Para poder integrarse en el Tratado Antártico como miembro de pleno derecho, y sobre todo para integrarse en el SCAR(Scientific Commitee on Antarctic Research – Comité Científico de Investigaciones Antárticas), condición que no alcanzó España hasta julio de 1990, eran condiciones necesarias el tener instalada y operativa una Base Antártica, y además el desarrollar en ella trabajos científicos de nivel suficiente, a juicio de los propios miembros del SCAR.
Para ello, España instaló en 1988 la Base Antártica Española “Juan Carlos I” (BAE para abreviar), en las coordenadas 62º 39′ 46″ de latitud Sur, y 60º 23′ 20″ de longitud Oeste, en la Bahía Sur de la Isla Livingston, perteneciente a lasShetland del Sur.
Puesto que tuve el honor y el placer (éste sólo a ratos) de participar en las primeras expediciones científicas de España en aquellas tierras/hielos, quiero tener ahora el honor y el placer (aquí ya todo el rato) de contarles desde esteBlog cómo llegué hasta aquel lejano territorio, con algunos detalles del camino desde España hasta la BAE.
Para ir conociendo el destino del viaje, les diré que la Antártida es un enorme continente con una superficie de algo más de 14 millones de km2, aproximadamente vez y media el tamaño de Europa, con un substrato de tierra firme permanentemente cubierto de hielo, que llega a extenderse en invierno hasta los 27 millones de km2. La cubierta dehielo de la Antártida se estima en 20 millones de km3, lo que constituye el 90% del hielo mundial, así como el 80% de las reservas de agua dulce del planeta.
El 98% de su superficie se encuentra permanentemente cubierta de hielo y nieve, y únicamente en un 2% del territorio, concentrado en las costas, es donde se asientan la mayoría de las Bases Antárticas de todos los países.
En ese 2% del territorio es donde se dan las circunstancias adecuadas para que la fusión del hielo durante los tres meses del Verano Austral permita dejar al descubierto el suelo, y con ello la vida para los musgos y líquenes que constituyen prácticamente la única forma de vida vegetal antártica.
Para los expedicionarios antárticos españoles existen en esencia dos caminos para cubrir el trayecto entre España y la BAE, uno es vía Argentina y el otro vía Chile, en ambos caminos el “salto del charco” no ofrece muchas dificultades, ya que se trata de vuelos regulares entre Madrid y Buenos Aires o Santiago de Chile, y viceversa. Los problemas comienzan antes o después de estos viajes regulares, cuando, como en el caso de mi primer viaje, las circunstancias se encargan de complicar las cosas.
En este sentido me voy a tomar la licencia de relatar, casi en clave de humor, el comienzo del primero de mis viajes, en el que al llegar al aeropuerto de Madrid/Barajas me encontré con uno de los gestores del Programa, que me informó de la desafortunada circunstancia de que, por fallos en el sistema logístico, se había quedado en tierra parte del material científico necesario para la campaña, por lo que había que añadir a mi equipaje personal dos enormes cajas metálicas, de unos 40 kilos en canal por caja, lo que añadido a mi petate suponía 100 kilos de “equipaje personal”.
A la vista de su tamaño y peso, intuí enseguida que “aquello” me iba a crear problemas, … y así fue, ya que dio lugar a laboriosas negociaciones con los responsables de carga de los distintos aeropuertos, que fueron unos cuantos, para convencerles de que “aquello” era una prolongación de mi equipaje personal y que debía ser incluido como tal, sin cargo.
Y digo sin cargo porque al no estar previamente presupuestado cualquier coste adicional tendría yo que asumirlo como propio ¡Y hasta ahí podían llegar las cosas!
Tras salir de Madrid en un lluvioso y desapacible día de otoño en nuestro Hemisferio Norte, la llegada a Buenos Aires en plena Primavera Austral, y los días de espera en esa preciosa ciudad, la Reina del Plata, hasta poder comenzar el camino hacia el Sur, fueron un auténtico descanso.
Buenos Aires es una ciudad impresionante en muchos sentidos; la primera reacción para el europeo que la visita es la sensación de serle familiar, porque en efecto Buenos Aires es tal vez la más europea de todas las ciudades no europeas, su urbanismo, las fachadas de sus edificios públicos y privados, sus teatros, sus monumentos, sus plazas y jardines, y hasta el aspecto y costumbres de sus habitantes hacen pensar en París, Roma o Madrid.
La fama mundial que tiene la carne de las vacas argentinas se confirma al entrar en cualquiera de los numerosos restaurantes de la Avenida 9 de julio, la más emblemática de la ciudad con su espectacular obelisco, o los de la famosa Avenida Corrientes, o Suipacha, o tantas otras con sus asadores criollos, en los que el asado de carne vacuna es el plato por excelencia.
Muchos son los rincones de Buenos Aires cargados de recuerdos, con frecuencia unidos a letras de tangos que los hicieron famosos, así ocurre con Caminito, una curiosa calleja de apenas 50 o 60 metros en pleno barrio de la Boca, con un colorido espectacular en las paredes, adornadas con esculturas y bajorrelieves de buen número de artistas argentinos.
BUENOS AIRES (Arriba: Avenidas Corrientes y 9 de julio; Abajo: Barrio de la Boca y Caminito)
Desde Buenos Aires, fui dirigiéndome hacia el sur enlazando una serie de vuelos domésticos, pasando por Bahía Blanca, Rawson, Comodoro Rivadavia, Río Gallegos, Río Grande y Ushuaia, llegando por fin, tras múltiples complicaciones en cada uno de los aeropuertos, con largas y tediosas explicaciones a los responsables para que colara como “bultos de mano” mi enorme y pesado equipaje.
Tampoco fueron pequeñas las discusiones con los taxistas, que se resistían a meter aquello en sus coches, simplemente porque no cabía dentro y había que llevarlo atado por fuera de mala manera, con el personal de Aduanas que…, etc., etc.; pero finalmente llegué a la pintoresca población de Ushuaia, que ostenta orgullosamente el título de laciudad más austral del mundo, al encontrarse en la Tierra del Fuego, al sur de la Patagonia.
En Ushuaia, pude por fin enlazar con otros dos expedicionarios antárticos españoles para embarcar en el Buque Oceanográfico Las Palmas, en el que zarparíamos hacia la Antártida.
Al embarcar tuvimos que “acomodarnos” 16 personas, de distintas procedencias y con diferentes destinos, en un único camarote con 9 literas (tres columnas de tres), de forma que procedimos a sortearlas.
Aunque con cierta pena, que se me pasó enseguida, por los siete compañeros de viaje que no tuvieron suerte en el sorteo y se vieron obligados a dormir sobre sus propios equipajes, yo pude disponer de una litera a la que atarme para evitar así ser echado al suelo en alguno de los bandazos del barco, puesto que teníamos ante nosotros el cruce delCanal de Beagle, el Cabo de Hornos y el temido Paso del Drake, con un mar permanentemente revuelto, donde los temporales son prácticamente inevitables.
En ese sentido, nos tranquilizaba el hecho de que el Las Palmas era un buque casi tan insumergible como una boya, pero por la misma razón sus movimientos eran también como los de una boya.
Con sus 41 metros de eslora (largo) y 11.5 metros de manga (ancho), este pequeño buque había sido un antiguoremolcador de altura, es decir que no era un buque antártico, ni un rompehielos, a lo más a lo más podría ser considerado un “empuja-hielos”, en palabras del propio capitán del buque.
Sin embargo, a pesar de sus limitaciones y achaques, todos los que alguna vez navegamos en él conservamos un especial cariño por ese flotador nato.
En la actualidad el BIO (Buque de Investigación Oceanográfica) “Hespérides”, es el que transporta y da apoyo logístico a los expedicionarios antárticos, disponiendo de un tamaño y capacidad que duplican las del anterior, y estando dotado de los más sofisticados equipos de ayuda a la navegación, con lo que claramente ha dejado pequeño en todos los sentidos al humilde BIO A-52 Las Palmas.
Sin embargo, aquí entre nosotros y sin que nadie se entere, en mi opinión los viajes en el viejo Las Palmas eranmucho más marineros, no sé… mucho más de expedición antártica.
BIO (Buque de Investigación Oceanográfica) A-52 "Las Palmas"
Cuatro días tardamos en recorrer los algo más de mil doscientos kilómetros que separan Ushuaia de las Shetland del Sur, durante los cuales lo único que vimos, aparte de las olas, fueron icebergs de todos los tamaños y formas, los primeros de éstos témpanos de hielo a la deriva que avistamos eran de pequeñas dimensiones, pero después fuimos encontrando ejemplares, cuyas dimensiones superaban los 200 o 300 metros de largo, con una altura sobre el nivel del agua de unos 30 a 40 metros, lo que indicaba que su altura total, incluyendo la parte sumergida, podía ser del orden de los 250 metros. Por supuesto todos ellos enormemente mayores que el humilde BIO Las Palmas A-52.
Finalmente empezamos a vislumbrar en el horizonte, además de los hielos a la deriva, otros hielos fijos, soportados por las islas que forman el contorno de la Península Antártica, con lo que muy pronto entramos en decepción, quiero decir que entramos en el cráter de la Isla Decepción, donde… Bueno ¡Ya les contaré!
Adolfo Marroquín
Ciencia fácil
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Hoy
miércoles, 15 de mayo de 2013
La mayor reserva de lobos marinos abrió al público en la Patagonia
Se identificaron 11.350 ejemplares, además de otros mamíferos marinos, terrestres y aves. También es muy rica la flora del lugar.
Al noreste de la provincia de Santa Cruz se esconde el mayor apostadero de lobos marinos de un pelo, que viven acompañados de orcas, elefantes marinos, gaviotas, y patos. Se encuentran dentro de un complejo de manejo integrado de las reservas que se llaman Monte Loayza y Cañadón del Duraznillo, que ocupan 2.000 hectáreas y pueden ser visitadas por turistas para tomar fotos, caminar, aprender y disfrutar de un ecosistema único. Es decir, es ideal para sentirse un ecoturista.
Las dos áreas naturales forman parte de una alianza estratégica que acordaron la Fundación Hábitat & Desarrollo, la empresa petrolera Sinopec Argentina, y la empresa Golfo San Jorge, dedicada a la ganadería ovina, en el marco de la política de conservación del Consejo Agrario de la provincia de Santa Cruz. “La alianza sirvió para hacer una manejo conjunto de las dos áreas naturales entre el sector público, el sector empresarial, y el ambientalista”, contó Fernando Ardura, conservacionista y director ejecutivo de la fundación.
Una de las reservas, Monte Loayza, había sido creada por una ley provincial en 2004. Está a 169 kilómetros al sur de la ciudad de Caleta Olivia, y consiste en una franja costera de 200 metros de ancho a partir de la línea más alta de mareas. Está pegada a la otra reserva, Cañadón del Duraznillo, que ocupa 1.340 hectáreas de estepa patagónica. “Desde hace 25 años, no hay ovejas en el Cañadón del Duraznillo, por lo cual se pudo recuperar la flora y la fauna autóctona del lugar”, comentó Ardura.
Los visitantes (en grupos de 12 personas) tendrán mucho terreno para recorrer, y muchos animales y plantas para contemplar. En la zona costera está el mayor apostadero de lobos marinos. Recientemente, el equipo de Marcela Nabte, de la Fundación Patagonia Natural, realizó allí un censo de esos mamíferos carnívoros y color pardo oscuro que pueden pesar más de 300 kilos. Se identificaron 11.350 ejemplares en el lugar.
Además de los lobos, en la reserva de Monte Loayza se pueden ver 25 especies de aves marinas y costeras: como los albatros, los cormoranes, los chorlos, las garzas, las gaviotas, los aguiluchos, y los halcones. En la zona del Cañadón, se pueden encontrar guanacos, zorros colorados y grises, pumas, peludos, y choiques(el ñandú de la Patagonia). Y la vegetación engaña. A primera vista, parece estar compuesta por arbustos bajos, pero lo cierto es que incluye variedad de arbustos, herbáceas y cactáceas, como la mata mora, la uña de gato, y el cactus austral. Por si fuera poco, en las reservas –de propiedad privada– se han descubierto restos arqueológicos –como puntas de proyectiles, arpones y rompecráneos– de humanos que pasaron por allí hace más de 6.000 años.
Clarín
martes, 14 de mayo de 2013
Polémica en Chile por la posible venta de agua patagónica de glaciar a Qatar
Más de un kilómetro de espesor. La tercera reserva mundial de agua dulce del mundo y la segunda del Hemisferio Sur, tras la Antártida. Casi 10 metros de precipitaciones anuales en forma de nieve. Más de 17.000 kilómetros cuadrados de hielo ininterrumpido. El glaciar que llega al nivel del mar más cercano al Ecuador, el ventisquero San Rafael.
A pesar de su gran desconocimiento, los impresionantes datos delCampo de Hielo Patagónico Norte, de 4.200 kilómetros cuadrados de superficie, y del Campo de Hielo Patagónico Sur, de 13.000 kilómetros cuadrados, localizados en las Regiones chilenas de Aisén y Magallanes, y en la provincia argentina de Santa Cruz, dejan a cualquiera helado.
Sin embargo, el emprendimiento empresarial chileno ha generado una nueva polémica. Este fin de semana, el diario qatarí 'Gulf Times' reveló unas declaraciones en las que aparecía Jean Paul Tarud, el embajador chileno ante Emiratos Árabes Unidos, declarando que el país andino quería vender agua dulce de glaciar a Qatar.
La nación, una de las más ricas de Oriente Medio, es también una de las que tiene un mayor consumo de agua potable per cápita del mundo, aunque posee uno de los niveles de lluvia más bajos y depende de la desalinización de agua de mar para satisfacer las necesidades de sus habitantes.
Preparado el primer envío
Según el diario qatarí, el recurso natural se extraería del Campo de Hielo Patagónico Sur. Tarud señaló a 'Gulf Times' que el agua descongelada de glaciar es "incomparable" en términos de calidad y pureza.
El diplomático chileno agregó además que "Chile posee una de las capacidades más grandes del mundo para exportar agua dulce" y que la zona es una confiable fuente de agua dulce. Su aprovechamiento -insistió- no tiene ninguna de las desventajas del proceso de la desalinización.
El diario indicó también que al menos dos 'containers' de agua están ya preparados para ser enviados de Chile a Qatar, y que la firma involucrada está esperando el visto bueno de los respectivos gobiernos para mandar muestras en aproximadamente un mes.
La noticia ha dado lugar a una considerable controversia que comenzó a gestarse en las redes sociales y que se ha trasladado a los medios de comunicación. Los ciudadanos chilenos desconocían este tipo de negociaciones con productos medioambientales básicos.
Comercialización a gran escala
Según la revista chilena 'Capital', la empresa más importante que embotella agua en el sur de Chile se llama Waters of Patagonia (WP). La compañía, fundada por los hermanos Ian y Allen Szydlowski, hace varios años que empezó a explorar los glaciares patagónicos al objeto de su comercialización.
Tras varias prospecciones, en 2005 pidió las concesiones y los derechos de agua de un terreno de 12.000 hectáreas en la provincia de Aysén, cerca del ventisquero Montt y Caleta Tortel, donde desembocan varios caudales de agua. Pocos meses después comenzó a trabajar. Lo primero fue embotellar el agua. Para ello crearon la marcaCrevasse, con la que comercializan agua embotellada de Campos de Hielo Sur en diferentes partes del mundo.
En la actualidad sus concesiones de agua superan los 8.000 litros del líquido elemento por segundo, en un lugar estratégico donde el deshielo de los glaciares -acelerado por el cambio climático- está derritiendo enormes volúmenes de agua pura. Aunque la empresa no termina de despegar, Waters of Patagonia quiere revolucionar la manera con la que se comercializa actualmente el agua.
Irrigar el desértico norte
Entre otros proyectos, la compañía pretende transportar millones de litros desde la Patagonia hasta el norte de Chile, donde, en algunos lugares, caen 0,5 milímetros de agua al año y, donde las empresas mineras requieren ingentes cantidades de agua para llevar a cabo sus trabajos.
Ciudades como Copiapó, Calama, Antofagasta o Arica padecen intensas sequías que podrían ser paliadas con el traslado de agua patagónica. Waters of Patagonia pretende expandirse hacia países como Qatar, Oriente Medio, Australia y otras plazas pujantes del mercado global.
Aunque la compañía tiene los medios para movilizar el agua en grandes "bolsas flotantes" con capacidad para 425.000 metros cúbicos, considera que el método quizás no es tan eficiente, por lo que hay planes de usar barcos aljibe desarrollados especialmente. Los costes irán disminuyendo a medida que el volumen de agua enviada vaya aumentando. En la mayoría de los países de Oriente Medio el agua dulce de glaciar supera con creces el precio de un litro de gasolina.
El Gobierno niega el proyecto
Tras la polémica creada, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile ha negado la existencia de un proyecto oficial para exportar los recursos hídricos de la Patagonia chilena a otros países. Además, ha informado de que el periodista que publicó la noticia en el periódico qatarí tergiversó las palabras del diplomático, ya que el ofrecimiento de negocio vendría de fuentes privadas y no de una autoridad pública.
"Ante versiones de prensa que informan de un supuesto proyecto del Gobierno de Chile para exportar agua de la Patagonia a terceros países, el Ministerio de Relaciones Exteriores y su embajador en Emiratos Árabes Unidos (EAU), Jean Paul Tarud K., descartan que dicha información sea efectiva", ha precisado la Secretaría de Estado a través de un comunicado.
En el texto se recalca que "no existe ninguna iniciativa del Gobierno ni de nuestra embajada en EAU como la que consigan versiones periodísticas que, al parecer, confundieron las intenciones de una empresa privada de Qatar con un plan del Estado de Chile". El comunicado agrega que el embajador Tarud "desmiente haber hecho las declaraciones que se le atribuyen sobre el tema y menos aún haber efectuado un ofrecimiento que involucrara al Gobierno de Chile".
El Mundo
lunes, 13 de mayo de 2013
Sergio Rossi: “Soy uno más de los que se van para no ver cómo esto se hunde”
Abril de 2000. La proa del rompehielos oceanográfico alemán Polarstern penetra en la banquisa antàrtica en el Mar de Weddell./Sergio Rossi
El biólogo marino catalán Sergio Rossi explica en ‘Un viaje a la Antártida. Un científico en el continente olvidado’ (Tusquets), la importancia científica del último rincón virgen de la Tierra.
“No creo que tardemos mucho en centrar los esfuerzos en aprovechar las riquezas de la Antártida”, dice el científico.
“El gobierno debe decir ya a las claras que en este país la ciencia no es un pilar de futuro para su productividad”. A partir de julio, trabajará en México.
Sergio Rossi (Barcelona, 1969) es biólogo marino. En febrero de 2000 se embarcó en una campaña en el rompehielos oceanográfico más potente del mundo, el alemán Polarstern, rumbo a la Antártida. En 2003 repitió la experiencia y hace dos años viajó al continente blanco una tercera vez. De esos tres viajes da ahora cuenta en el libro Un viaje a la Antártida. Un científico en el continente olvidado (Tusquets), una narración que desvela la indignación del autor. Una indignación más que justificada sea en el terreno ecológico que, cómo no, en el socioeconómico.
Explica, de una manera amena y cercana, por qué interesa el continente blanco para la investigación, pone los puntos sobre las íes en cuestiones poco claras como las riquezas que atesora el polo sur y los gravísimos riesgos que corre, aporta datos curiosos como el número de turistas que pagan por ir a la Antártida y relata su experiencia como científico y como persona en unos viajes fascinantes en todos los sentidos. Entre el primero y el último han pasado 11 años, en los que la ciencia española ha pasado de estar en el buen camino, siendo puntera en muchos aspectos, a ser un lastre para la economía del país. Presuntamente, claro. Rossi, catalán de ascendencia italiana, lo tiene clarísimo: “Me voy a México”, dice, casi proclama. “Soy uno más de los que han decidido no quedarse para ver como esto se hunde”.
Zona Larsen B. Marzo de 2011. Puesta de sol en una zona recientemente abierta tras el colapso de una superficie equivalente a la isla de Menorca./Sergio Rossi
Una de las primeras respuestas que da Rossi es a la manida pregunta: ¿por qué la Antártida?. “Es el último bastión virgen del planeta, la única zona emergida en la que la huella humana todavía no está presente de forma escandalosa (y perniciosa) y necesitamos entender cómo funciona para poder comprender cómo nos afecta. Y, sobre todo, tenemos que impedir que se cometan las barbaridades que ya estamos perpetrando en el resto del planeta”.
Noviembre de 2003. Atka Bay. Los científicos que siguen el comportamiento de focas y pingüinos montan una base temporal en la que pasarán un mes totalmente aislados./Sergio Rossi
Por otro lado, la Antártida es un termostato terrestre: “Lo que ocurra allí, a pesar de su aparente aislamiento, nos afectará a todos. Allí se forma gran parte del agua fría que se redistribuye por el planeta, captando o liberando calor. Por otro lado, la mayor parte del hielo continental (que es el que hace que más suba el nivel del mar) está en la Antártida, por lo que hay que evitar que se acelere su deshielo”.
Abril de 2011. Viajando a Austasen. Muchas focas descansan en la banquisa entre pesca y pesca./Sergio Rossi
Un laboratorio virgen
La investigación tiene, por lo tanto, un laboratorio casi inmaculado bajo los hielos antártico. Sin embargo, esas capas, muchas de las cuales (de momento) son infranqueables, esconden una cantidad de recursos muy tentadora. “No creo que tardemos mucho en girar la cara hacia sus riquezas”, comenta, no sé bien si apesadumbrado o indignado. “Pueden pasar dos cosas: que nos concienciemos y enderecemos este entuerto general que significa el cambio climático y global, del que la Antártida es una pieza clave; o que nos siga resultando indiferente y nos encontremos con un panorama que nos fuerce a enderezar el mismo entuerto dentro de unas décadas (quizás dos o tres, no mucho más), pero ya muy tarde para según qué cosas. Veo poco probable el primer punto, porque la sociedad está muy alejada de la realidad, del mecanismo natural de las cosas. Al final lo haremos todo a la fuerza, mal y en el último momento, para variar. Nos creemos inmunes gracias a nuestra organización, productividad y tecnología. No entendemos que somos una pieza más de la naturaleza, y que si no paramos de consumirla aceleradamente, nos dará una patada en el trasero sin inmutarse”.
A bordo del Polarstern. Enero de 2004. Científicos recolectando en cubierta organismos pescados con pescas de arrastre selectivas en la zona de Austasen./Sergio Rossi
Rossi encuentra consuelo en esta especie de carrera contra natura. No lo llamaría optimismo. Tal vez, resignación... Porque no, no conseguiremos cargarnos la Antártida: “A la Antártida no le pasará nada. En el Eoceno (periodo terciario) una gran parte del casquete polar antártico se deshizo porque el CO2 llegó a más de 1.000 partes por millón en poco más de cien mil años. Nosotros lo estamos consiguiendo en pocas décadas. Se fundió ese hielo, subió el nivel del mar y la vida continuó... Se adaptó. El problema seremos nosotros, lo seres humanos: ¿podremos adaptarnos tan rápido a este cambio que ya es una realidad?”
Las Orcadas. Febrero de 2011. Los albatros pueden viajar durante semanas sin tocar tierra firme para alimentarse./Sergio Rossi
Fuga de cerebros
El cambio (¿inexorable?) del que habla lo conoce bien el científico. Ha vivido los (recientes) años en que la ciencia española ha disfrutado de un cierto (y merecido) prestigio. Un prestigio que ha llevado al Institut de Ciències del Mar de Barcelona, donde trabajó muchos años, a embarcarse a estas costosas expediciones antárticas. España sigue teniendo una base permanente, la Juan Carlos I, pero las cosas han cambiado. Sergio lo lamenta, impotente: “Desde 2009, primero de forma tímida, después de forma salvaje, los recortes han acabado con una infinidad de proyectos”, cuenta, recordando que de los proyectos del ámbito de las ciencias naturales presentados en 2011 para desarrollarse en 2012 no se concedieron ni un 25% de ellos, cuando lo normal era un 75%.
Noviembre de 2003. Científicos de la base alemana de Neumayer juegan a fútbol en la banquisa./Sergio Rossi
Todavía recuerdo en el 2011, cuando estaba claro que el PP iba a ganar las elecciones, que un colega (sin mucha visión de futuro, por cierto) dijo que la ciencia no la iban a tocar... Ahora estamos esperando que salga el siguiente Plan Nacional (pendiente desde diciembre), que nos aclaren qué va a pasar con las plazas prometidas a los investigadores Ramón y Cajal, que digan a las claras que en este país la ciencia no es un pilar de futuro para su productividad...”
Abril de 2011. Mar de Weddell. Las formas del hielo y el reflejo del sol crean imágenes irrepetibles./Sergio Rossi
Este inquieto investigador y divulgador del mar no se rinde. Se va, es cierto, pero con la idea de regresar. “Me voy a Cancún, al Instituto de Ciencas del Mar y Limnología de la Universidad Nacional Autónoma de México. El proyecto es europeo (un contrato Marie Curie) de tres años, dos allí y uno aquí. Soy uno más que ha decidido no quedarse para ver cómo esto se hunde...”
Quizá lo que más llama la atención es un cierto sentimiento de solidaridad del mundo científico ante la situación que vive el secor en España. “El concepto que tenían de nosotros lo alemanes, por ejemplo, a los que conozco bien por haber compartido meses de campañas, no ha cambiado”, dice Rossi. “Ahunque sí hay un sentimiento de apoyo, e incluso cierta compasión cuando ven cómo se está enfocando aquí la educación universitaria, la pérdida de poder intelectual, la falta de apuesta clara por un modelo en el que la ciencia sea capital...” Y ese sentimiento adquiere un cierto ánimo “depredador”: “Ya que habéis formado a buenos científicos, no os preocupéis, nosotros los aprovecharemos. Eso es lo que nos vienen a decir”. Y esos profesionales bien formados, acreditados, citados en artículos por estudiosos de todo el mundo, siguen saliendo de su país “para poder investigar”...
El diario
MIS IMÁGENES. Por Punta Arenas, mirando el estrecho de Magallanes
Turismo científico en Puerto Williams, marca la pauta para la Antártica
“Todo destino turístico es la casa de alguien más”, dijo el inglés Harold Goodwin, director del Centro Internacional para el Turismo Responsable, en su reciente visita a Magallanes. “Por lo tanto, es mi responsabilidad y no de otro, cuidarlo“.
Son algunas de las reflexiones que el especialista inglés aportó en las charlas que dio en Punta Arenas y Puerto Williams, a autoridades locales, representantes de la comunidad civil y militar, intelectuales, estudiantes y turoperadores. La invitación fue hecha por la Universidad de Magallanes, en conjunto con el Instituto de Ecología y Biodiversidad, a través del Programa de Conservación Biocultural Subantártica que se desarrolla en el Parque Etnobotánico Omora.
En Puerto Williams asistieron 18 personas a escucharlo hablar acerca de cómo el turismo responsable puede beneficiar a las comunidades locales, y cómo cultivar estos beneficios. Al respecto, aseguró que lo importante es que no sólo los grandes empresarios externos a la comuna, perciban el beneficio económico del turismo, sino sobre todo sus habitantes. Al mismo tiempo, valoró el ecoturismo con lupa de los bosques en miniatura y sumergidos del Cabo de Hornos que se desarrolla en Omora, y recomendó replicar estas iniciativas para fomentar el turismo responsable.
lo importante es que no sólo los grandes empresarios externos a la comuna, perciban el beneficio económico del turismo, sino sobre todo sus habitantes
Responsable como el que debiera hacerse en el creciente turismo antártico, dijo en Punta Arenas el profesor Goodwin. Agregó que, para ello, es elemental que existan normas, algo que no sucederá mientras la Antártica siga sin tener soberanía, y en la práctica funcione como tierra de nadie.
Puerta de entrada a la Antártica
Precisamente, por esos días visitó Puerto Williams la Asociación Internacional de Turoperadores Antárticos (IAATO), invitada por el gobierno a la región de Magallanes. En el programa de los empresarios también estaba el Parque Omora, donde junto a autoridades comunales, regionales y nacionales, conocieron los circuitos de los insectos sumergidos del Río Róbalo, de los bosques más australes y de los bosques en miniatura.
La mayoría de los visitantes no sólo destacó la belleza del escenario, sino sobre todo lo novedoso de este ecoturismo con base científica. Al mismo tiempo, los turoperadores aseguraron que estarían dispuestos a instalarse en Puerto Williams, como centro de operaciones antes de viajar al continente helado
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