miércoles, 7 de enero de 2009

Un relevo de guardaparques platenses en la Antártida

Sebastián Raviculé, el guardaparques platense saliente, junto a Mariano Spisso, su reemplazante en Orcadas, ayer, a bordo del gomón con el que recorrieron las pingüineras próximas a la base
Sebastián Raviculé pasó un año monitoreando el ecosistema antártico. Lo reemplaza otro platense amigo de la infancia

Hacía falta un impulso más para consumar el objetivo perseguido durante tanto tiempo: embarcarse en Mar del Plata el 21 de diciembre y pasar las fiestas a bordo de un barco oceanográfico junto a científicos y militares hasta entonces desconocidos. El destino de la nave justificaba el esfuerzo: el primero de enero el guardaparques platense Mariano Spisso llegó a borde de ese buque a la base Orcadas, en la Antártida, donde pasará un año entero dedicado a monitorear el ecosistema. La casualidad quiso que protagonizara un hecho inédito en los 18 años que los guardaparques llevan participando de las campañas antárticas: que reemplace a otro platense, que además fue compañero de la escuela y amigo de la infancia.
"Con Sebastián Raviculé (el guardaparques saliente) nos criamos en Gonnet, fuimos juntos a la escuela 18 y después al ENET número 4. Ahora vamos a estar los próximos 20 días juntos para que él me pase las consignas de los trabajos que hay que hacer, antes de volver al continente", dice Spisso.
Raviculé, en tanto, saca sus conclusiones del año que pasó monitoreando el ecosistema antártico: "es una experiencia única, porque el lugar es único. Es muy bueno tanto en lo personal como en lo laboral. Lo que no es cierto es que sea un desierto helado, como habitualmente se dice. Eso puede suceder en invierno, pero en verano abunda la fauna. También es importante destacar el impacto del calentamiento global. Si bien no soy especialista en el tema basta comparar las fotos de este lugar hace cuarenta años con el aspecto actual para apreciar a simple vista cómo se van retirando los glaciares".
Otra de las cosas que cambió es el grado de aislamiento que se vive en el continente blanco. Hoy los científicos, militares y guardaparques destacados en Orcadas y en la península antártica cuentan con teléfono en la base y con conexión a Internet.
Aún así, los platenses destacan la importancia que tienen la camaradería y la tolerancia para trabajar en un equipo integrado por 17 personas obligadas a permanecer durante una larga temporada en el lugar.
EL TRABAJO COTIDIANO
Las tareas que lleva a cabo el equipo de guardaparques derivan de un convenio firmado entre la Dirección de Parques Nacionales y el Instituto Antártico.
Entre esos trabajos se cuenta el seguimiento de una pingüinera cercana a la base Orcadas y un proyecto de monitorero sismológico que se hace a partir de un convenio con una universidad italiana. Los datos obtenidos se entregan luego al Instituto Antártico.
"La función del guardaparques es la de velar para que estas mediciones y estos proyectos sigan adelante y se hagan correctamente", indica Spisso, quien aunque viene de trabajar en el Parque Nacional Los Glaciares y buscó mucha información antes de hacer el viaje, se mostró sorprendido por la majestuosidad del paisaje antártico.
"Si bien allá estamos acostumbrados a ver témpanos, aquí cada uno de ellos es el triple de grande" dice el platense, cuya experiencia se podrá seguir a través la pagina web de este diario (www.eldia.com)
Ayer, los platenses recorrieron en gomón la pingüinera cercana a la base y las características de la fauna del lugar cautivó a Spisso.
"Hay mucha fauna, aves, pingüinos, mamíferos y están llegando los lobos marinos", dice el guardaparques platense que tuvo que pasar por una rigurosa selección entre postulantes de todo el país para obtener el puesto.
Quilmes presente

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