domingo, 9 de diciembre de 2012

De misión a la Antártida



Un verano con temperaturas de entre 0 y -10 grados centígrados, un mínimo de dos o tres días hasta el hospital más cercano en caso de urgencia, luz 24 horas al día, unos pocos kilómetros para 36 personas durante tres meses y mucho silencio. Ese es, a grandes rasgos, el escenario en el que se desarrollará la misión antártica que comienza hoy, 9 de diciembre, para un equipo de 25 científicos y doce militares, entre los cuales está la burgalesa Marta Presa García. Comandante y médico psiquiatra del Ejército del Aire, está curada de espanto:ha participado en misiones cuyo objetivo era prestar servicio a los militares españoles en las guerras de Sarajevo y Kosovo,Irak y Afganistán en varias ocasiones. Pero dice que pensar en la Antártida es distinto. Impone. «La Antártida no tiene nada que ver. La Antártida es aislamiento», resume.

El equipo militar y civil saldrá hoy de Madrid y tiene previsto llegar a su destino, la base española Gabriel de Castilla de Isla Decepción, el 22 de diciembre. Esta isla -con un topónimo que, de entrada, da qué pensar- es un volcán en activo. De hecho, la isla es resultado de una erupción.Tiene una forma de herradura, muy semejante a una rosquilla aunque con una estrecha apertura al mar, que permite que los barcos puedan navegar por el centro de un volcán activo. Esta peculiaridad hace que muchos vulcanólogos se desplacen para investigar, pero también otros científicos con distintos proyectos en marcha. En el caso de la misión que comienza hoy y que terminará el 8 de marzo, hay vulcanólogos, científicos que analizan la utilidad de determinadas estrellas de mar en el tratamiento contra el cáncer y otros que analizan los efectos del cambio climático a través de los pinguïnos, dado que en los veranos australes hay una población de varios cientos de miles de pinguïnos en Isla Decepción. «Nosotros vamos a prestar apoyo logístico al equipo de investigadores», explica Presa, matizando que eso incluye desde el transporte hasta la conexión de comunicaciones, la alimentación o la supervisión sanitaria, que es la parte que le toca.  «Es una misión poco habitual para mí porque yo formo parte del Ejército del Aire y esta es una misión del Ejército de Tierra y porque, aunque antes de especializarme ejercí como médico general, yo soy psiquiatra», explica.
Sin embargo, cuando se tiene un espíritu aventurero, no hay pero que valga. Presa recibió el aviso de la convocatoria de la misión y lo solicitó. «Nos presentamos 180 personas para 12 plazas; tres médicos para una», cuenta. A finales del invierno pasado le informaron de que había sido seleccionada y, entonces, comenzaron los preparativos del viaje. En junio se fueron a Jaca (Huesca)para ascender hasta los glaciares y entrenar: rappel en superfies heladas, salvamento en grietas glaciales y situaciones extremas o en la utilización de cuerdas y otros equipos. Acontinuación, llegó el momento del entrenamiento en agua. Los mandaron a la base de Marín (Pontevedra) para que consiguieran dominar el manejo de las lanchas zodiac, entre otras cosas imprescindibles en un sitio en el que este será su medio de transporte cotidiano.  Y si eso fue común para la docena de militares, Marta Presa tuvo otro entrenamiento específico. «Tuve que actualizarme en quirófano y medicina general porque, si en otras misiones éramos varios en las evacuaciones médicas, en la Antártida estaré solo yo», relata, destacando que esto es lo que más le preocupa. «Da mucho respeto, porque si hay un imprevisto y tenemos que evacuar a alguien, sabemos que hay un mínimo de dos o tres días hasta un hospital. Esto, para una operación programada es asumible, pero para una cirugía a seis o doce horas, no», explica, detallando que esto se debe a que desde la base española habría que trasladar al herido al único barco localizado alrededor de la isla y, una vez en él, navegar seis horas hasta la isla del Rey Jorge. Hasta allí se desplazaría un helicóptero procedente de Chile, siempre y cuando el tiempo le permita tomar tierra. «Si no, tendría que dar la vuelta vacío», comenta Presa con cara de circunstancias. Pero a su favor tiene el hecho de que en los 25 años en los que se ha desarrollado la misión antártica, nunca ha habido imprevistos de gravedad.

El sueño, a estudio
Para la comandante Marta Presa, el hecho de ir a la Antártida no solo será una experiencia más en su largo currículo de misiones como médico (once en 15 años en el Ejército), sino que también viaja en calidad de investigadora. Teniendo en cuenta que en el verano austral hay 24 horas de luz e influenciada por los testimonios de  compañeros que fueron en misiones previas, Presa ha decidido estudiar la relación entre movimiento y sueño para conocer el grado de calidad del descanso con luz. «Compañeros que estuvieron otros años han contado que, con menos horas de sueño de las que tienen aquí, estaban más activos. Así que decidí estudiarlo», cuenta, destacando que llevarán unos relojes específicos para medir el movimiento. Y, por otra parte y ya más en relación con su especialización, Presa aprovechará para analizar la conducta de grupos reducidos de personas que conviven en unas situaciones extremas. «¡Hay muy poco sitio para todos los que vamos!», exclama.
La misión comenzará hoy y, una vez en la base española Gabriel de Castilla, tendrán dos días para ponerla a punto después de nueve meses cerrada y, sobre todo, para montar todos los equipos que les permitan comunicarse con el Rey y con la familia en Navidades. «Es la primera vez que voy a pasarlas fuera de Burgos, pero a la Antártida no se puede ir en otra fecha», concluye Presa, matizando que, por su estilo de vida, ya están acostumbrados a verla partir.

Diaio de Burgos

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