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Un lugar con historia. La antigua casa de los hermanos Hahn, en las afueras del pueblo.
Un cuidador accedió a mostrar el lugar mientras contaba anécdotas de otras épocas. Lo más sorprendente fue visitar el sótano de la casa. Luego de abrir un gran candado y empujar la pesada puerta de madera surgió una antigua y polvorienta bodega. Según explicaba el hombre, los alemanes fabricaban chicha con las manzanas de su jardín y también funcionaba el boliche, donde los hombres de paso descansaban y bebían antes de seguir viaje. Dos bandoleros norteamericanos, llamados Wilson y Evans, eran habitués de este bar, ya que eran amigos de los Hahn y su guarida estaba muy cerca. Estos bandidos también eran amigos de los conocidos Butch Cassidy y Sundance Kid, que vivían en Cholila. En ese tiempo la región estaba desprotegida y por ese motivo se creó un grupo de vigilancia cordillerana llamado La Fronteriza. En realidad, la motivación principal de esos “vigilantes” era capturar a Cassidy y Kid para cobrar una jugosa recompensa internacional. Cuando La Fronteriza llegó a Río Pico, encontró a Wilson y Evans, y los confundieron con los forajidos de Cholila. Los decapitaron para cobrar el premio, pero grande fue su decepción al enterarse de que se habían equivocado de ladrones. Hahn se horrorizó ante el macabro espectáculo e impidió que se llevaran los cuerpos de sus compañeros. El mismo los sepultó en su propiedad, a metros de la casa, y colocó una improvisada cruz de madera que años más tarde fue robada por “algún fanático coleccionista”. En la actualidad hay una sencilla cruz de hierro.
Cajon Grande
El plato fuerte de la zona es, sin dudas, la visita al Cajón Grande y Chico del río Pico (sólo con vehículo 4x4). Primero hay que ir hasta Aldea Las Pampas (lo mejor es pedir indicaciones allí), a 22 kilómetros de Río Pico, cruzar el río Pampas y seguir la huella hasta donde se pueda. El paseo sólo se puede hacer en verano. En época de deshielo hay que saber si el río está muy agitado antes de largarse a cruzarlo. Una vez en la otra orilla, se debe transitar un camino de enormes piedras que atraviesa un frondoso bosque de lenga y ñire. Llegado el punto en que no se puede continuar con el vehículo, hay que empezar a caminar.
En esos recónditos parajes viven algunos pobladores aislados. A sólo 1000 metros de allí se encuentra el Cajón Chico. Aquí el cauce del río aún es amplio y la vista no puede ser mejor, con los cordones montañosos nevados al fondo. Para llegar al Cajón Grande es necesario caminar media hora más en pleno cañaveral y sobre un denso colchón de cañas secas. Justo detrás de las barbas de viejo que cuelgan de los ñires, el paisaje cambia abruptamente. En ese punto, el río Pico corre a lo largo de 5 kilómetros, encerrado por paredes que alcanzan 30 metros de altura. El espectáculo impresiona y se lo contempla en silencio. Por ese curso de agua suben los salmones del Pacífico rumbo al desove y en época de deshielo el caudal del río sube tanto que, incluso, puede sobrepasar las paredes de roca.

Cajón Grande. En ese punto, el río Pico corre entre paredes que alcanzan 30 metros de altura.
Hacia el Vintter
Para ir de Río Pico a lago Vintter hay que recorrer 34 kilómetros (desde el cruce a Aldea Las Pampas) rumbo al norte por un camino de ripio en buen estado. Este gigante llamado Vintter es un espejo de agua que causa gran impresión cuando se lo ve por primera vez. Es un lago abierto y alargado, y esconde en sus aguas grandes trofeos para pescadores. Una parte se encuentra en territorio argentino y la otra en Chile (llamado lago Palena). Debido a esta característica y dada su ubicación, el clima es muy variable y susceptible al viento. A la mañana puede estar planchado y puede ser fácil navegarlo, pero en pocas horas puede picarse y la navegación se hace muy difícil. De todos modos, con o sin viento su inmensidad es notable y el cordón nevado que lo custodia lo hace aún más imponente. Es un lago con escasa vegetación y ello dificulta encontrar un buen refugio para acampar. La mejor opción es parar en las cabañas y el camping (con lugar solamente para dos carpas) de Nikita, un ruso que llegó a Argentina hace ya mucho tiempo. El y su mujer, Gretel, llevan adelante este lugar único, especial para pescadores. Nikita es conocido en la zona por elaborar vodka con agua del propio lago. La receta es un secreto familiar guardado bajo siete llaves que ha sido transmitido de generación en generación. Si bien la preparación alcohólica se realiza en Bariloche, aquí se le da el toque final con algunos “yuyos” que sólo crecen cerca de la cabaña y que le dan un sabor único.
La rústica cabaña de madera gastada fue construida en 1944, a golpe de hacha, y fue bautizada como “Palais Vintter”. Los vecinos más cercanos están en el puesto de gendarmería, a unos cuantos metros, y se visitan mutuamente. Cuesta imaginar este lugar con una población de 400 personas, que es la que llegó a tener en el esplendor de la actividad maderera. Hoy sólo quedan los restos de un aserradero, un cementerio y una vieja escuela de los años ‘50. En el interior de la cabaña hay una pequeña mesa de madera, un viejo arcón y muchos objetos y fotografías familiares. Gretel cocina en una impecable cocina económica mientras Nikita visita a sus huéspedes para hacer la habitual ronda de vodka.
Página 12
Familiares arriban a la base en el Hércules que vuela desde Río Gallegos.
ANTÁRTIDA ARGENTINA (Enviado especial).- Como un enorme insecto alado en medio de un cielo azul plomo cruzado por las ráfagas heladas, el helicóptero va y viene entre el Golovnin y la base Marambio. Antes de que el tiempo empeore, el poderoso helicóptero habrá transportado al buque ruso 120 toneladas de basura acumuladas durante los últimos tres años. En la Antártida no se puede dejar ni una colilla de cigarrillo. Todo, absolutamente todo, desde los restos orgánicos hasta los residuos peligrosos, como las pilas y los aceites usados, debe ser removido para que este lugar privilegiado de la naturaleza siga siendo el "continente limpio".
Los enviados especiales de "Río Negro" fueron testigos del operativo realizado en las bases Esperanza y Marambio para retirar más de 400 toneladas de basura que serán devueltas antes de que termine el verano a la Argentina continental.
Son unos 500 metros cúbicos de residuos peligrosos y entre 700 y 800 de restos en general producidos en todas las bases, la mayor parte en Marambio, Orcadas y Esperanza. Solamente en esta última los Kamov 32, que pueden transportar hasta cinco toneladas, realizaron unos 25 vuelos hasta las bodegas del Golovnin, el buque ruso contratado por el gobierno nacional para concretar la campaña Antártica 2008-2009.
Luego fue el turno de Esperanza, el tiempo era magnífico y los extraños helicópteros rusos, de dos aspas y sin rotor, hicieron 28 viajes. Pero cuando tocó el turno a Marambio había un fuerte viento y estaba neviscando. No obstante, los Kamov hicieron su trabajo transportando hacia la base combustible en tambores y en unas bolsas gigantes de goma negra llamadas rollings. Las levantan del buque con una red que cuelga de una linga de 30 metros de largo y las dejan cerca del helipuerto de Marambio. Luego van hasta el extremo sudeste de la base y cargan la basura.
Desparramados entre la nieve hay tambores de combustible compactados, chatarra, restos de una de las casas que se incendió hace un par de años y también residuos peligrosos, clasificados como "tres" en la jerga antártica. Son pilas, aceites usados, lubricantes, estopas embebidas en aceite, membranas y químicos.
Los "tres" se ponen en tambores que luego son sellados y soldados. Sólo pueden salir de la base por buque, el resto de la basura puede ser enviada, de a poco, en los Hércules.
Para que la evacuación sea posible, todo en la base es prolijamente separado de antemano. En la cocina, por ejemplo, hay tres tambores: uno para restos orgánicos, otro para papel y madera, y otro para vidrios y hojalata. Y a nadie se le ocurriría tirar algo en cualquier lado.
En la zona donde están cargando el movimiento es infernal, hay dos topadoras y una retroexcavadora entre un enjambre de hombres con monos azules ayudando a poner las cosas en la red.
El panorama de la basura acumulada es desolador: fierros oxidados, calefones, viejas calderas y tambores aplastados, también kilómetros de cables del sistema de iluminación de la pista que acaba de ser reemplazado por uno nuevo.
A primera hora de la tarde, buena parte de la basura ya ha sido trasladada al barco ruso y la gente de Aeronáutica no oculta su satisfacción. "Ya no es más la Chacarita -dice el vicecomodoro Enrique Videla, jefe de la base- ahora es la Recoleta, todo está mucho más limpio".
Es que cómo hace dos años se incendió el rompehielos Almirante Irízar, se había acumulado muchos restos, entre ellos 130 tambores de aproximadamente 23 kilos cada uno con residuos de esos que llaman tipo tres.
Además de ser trabajoso, cumplir con el precepto del Tratado Antártico que exige retirar la basura del continente blanco es muy caro. Desde el buque ruso los deshechos deberán ser trasladados al barco de la Armada Canal Beagle -la ley impide que un buque extranjero descargue residuos en territorio argentino- y éste la llevará hasta el puerto de Buenos Aires, donde una empresa contratada por la Dirección Nacional del Antártico dependiente de la Cancillería y controlada por la secretaría de Medio Ambiente se ocupará de la disposición final.
Por el Protocolo firmado en el ´92 en Madrid, las bases deben estar libres de residuos peligrosos con miras a obtener la certificación pertinente. Flora, fauna, agua y residuos peligrosos están bien acotados y cada base debe elevar informes mensuales sobre el tema.
Además, frecuentemente hay inspecciones sorpresivas de otros miembros del Tratado y de la propia secretaría de Medio Ambiente.
El comandante conjunto antártico, capitán de navío Eduardo Poleman, se lamenta por el accidente que sacó de servicio al Irízar pero explica que "como siempre, toda crisis es una oportunidad. Disponer del buque de carga polar Vasiliy Golovnin, que tiene una bodega más grande que nuestro rompehielos nos dio la capacidad suficiente para transportar residuos que no se habían podido retirar en años anteriores".
HÉCTOR MAURIÑO
vasco@rionegro.com.ar
