domingo, 12 de abril de 2015

Antártica: la misión más inhóspita del Ejército


Ofrecer apoyo logístico a los científicos que investigan en la Antártida, a 13.000 kilómetros de España. Esta es la misión de los militares destinados en la Base «Gabriel de Castilla»


trece mil kilómetros de distancia, en un territorio gélidamente hostil, en el área antártica, desde hace años, militares y científicos conviven en la Base del Ejército de Tierra «Gabriel de Castilla». Es la misión más antigua en el exterior que las Fuerzas Armadas desarrollan en la actualidad. En concreto, se han llevado a cabo ya 29 campañas. Fue en 1988 cuando el Ejército de Tierra inició su actividad en la Antártida.
Es una misión militar reducida en cuanto a efectivos humanos. Tan solo una decena de militares –que cada año van rotando– están destinados a esta base con capacidad para 28 personas. Sin embargo, la misión es única tanto por la lejanía y las dificultades climáticas como por la importancia de la colaboración del Ejército en la investigación científica.
En la Isla Decepción, España tiene una de sus bases antárticas, que utiliza todos los años. Esta isla se encuentra a escasos 100 kilómetros del continente antártico, a más de 1.000 del lugar poblado más próximo y a 13.000 kilómetros de España. La Isla Decepción es la parte superior delvolcán más activo de la región. Las últimas erupciones tuvieron lugar en 1967, 1969 y 1970. La del 69 destruyó una base militar chilena y otra británica. Aproximadamente el 60 por ciento de la isla está cubierta por glaciares.
Y allí, durante los meses del verano austral, tiene lugar desde hace casi tres décadas esta misión, en la que se llevan a cabo trabajos de investigación. Durante varios meses conviven militares y científicosciviles. Los primeros ofrecen a los segundos soporte logístico y garantizan que todo funcione correctamente durante la estancia en un lugar que es, efectivamente, muy hostil incluso cuando allí es verano. Y es que la sensación térmica es de unos 16 grados bajo cero, con vientos que alcanzan los 70 kilómetros por hora.
La campaña de este año ya ha llegado a su fin y tanto los militares como los científicos acaban de regresar a España. Sin embargo, la actividad no cesa. En estos momentos, los que formarán parte de la próxima expedición ya han comenzado su formación. Además, habrá que esperar hasta mayo para que el material que han mandado desde la Antártida desembarque en España.
En esta edición, se han llevado a cabo siete proyectos científicos, cuatro nacionales –uno de ellos era militar– y tres extranjeros. Y es que el Ejército no solo presta apoyo logístico, sino que también realiza sus propias averiguaciones científicas.
Sin embargo, su día a día se centra en ayudar a los científicos en todo lo que puedan necesitar. Por ejemplo, los militares se encargar de las comunicaciones, de que haya internet en la base y que se pueda llamar perfectamente a España. También son los encargados de manejar las zodiac cuando hay que ir a recoger muestras científicas a otras zonas de la isla y de acompañar a los científicos a sus salidas por la isla, para evitar que haya accidentes.
En el grupo hay especialistas en comunicaciones por satélite, mantenimiento, navegación, medio ambiente o movilidad en nieve. También hay dos cocineros, un veterinario y un médico. En total, trece militares que se encargan de que el engranaje de la «Gabriel de Castilla» funcione a la perfección.
Este año para ocupar estos trece puestos se han presentado más de 200 solicitudes. Por ejemplo, solo para la cocina se han presentado 70 voluntarios. A lo largo de estos años, 342 militares del Ejército de Tierra han formado parte de las campañas antárticas. Todos ellos han colaborado para hacer de la base «Gabriel de Castilla» una de las mejores.

Así es la «Gabriel de Castilla»

Cuenta con 241 metros cuadrados en los que conviven los 28 miembros de la Campaña Antártica. La base cuenta con once módulos, entre los que se distribuyen las siete habitaciones, de cuatro personas cada una; el área científica, con laboratorios y salas de trabajo; y una zona dedicada al taller. También hay un módulo de enfermería, dos almacenes de alimentos, un área con material de emergencia, dos almacenes más de material, un módulo de energía y otro de náutica, donde se almacena todo el material necesario para las salidas en zódiac. Desde los trajes de trabajo en aguas frías, hasta los chalecos salvavidas.
Allí, todo tiene que estar perfectamente atado, porque si no es imposible desenvolverse con garantías en un entorno tan extremo. Algo tan aparentemente sencillo como desprenderse de los residuos se convierte en una operación que debe estar perfectamente programada y planificada. Ni un residuo puede quedar allí, como tampoco generar impacto alguno en un ecosistema tremendamente sensible a la acción del hombre.
Algunos de los residuos se queman en una incineradora especial y los que se generan por la vida cotidiana, como latas de bebida o comida, son convenientemente guardados para ser sacados de la Antártida por un buque que los lleva hasta el extremo sur del continente americano.
ABC

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