El primer campamento español en la Antártida ha cumplido 30 años este martes 27 de diciembre. Los orígenes de la actividad científica de España en el continente helado se remontan a 1986, año en el que los investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Antoni Ballester, Josefina Castellví, Joan Rovira y Agustí Julià instalaron su tienda de campaña en la isla Livingston con el objetivo de estudiar un posible emplazamiento para una base española, según informa la institución.
Dos años después, en enero de 1988, se inauguraba la Base Antártica Española Juan Carlos I y ese mismo año, España se convertía en miembro consultivo del Tratado Antártico.
El director de la Unidad de Tecnología Marina del CSIC, Jordi Sorribas, ha afirmado que "desde su fundación, la BAE Juan Carlos I ha sido un laboratorio de referencia para la investigación antártica española y ha servido para unir y dar forma a una importante comunidad científica en la Antártida, favoreciendo la cooperación científica y técnica internacional".
Las instalaciones fueron diseñadas para no ser usadas más de 20 años; por ello, en el año 2000 se inició el estudio de su renovación. Durante la actual campaña 2016-2017 se va a llevar a cabo la última fase de las actuaciones de remodelación, centradas en la instalación de los servicios finales y la puesta en funcionamiento conjunta de todos los sistemas. La renovación y el nuevo equipamiento de laboratorios y espacios generales tienen un coste total aproximado de 16 millones de euros, financiados principalmente por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad.
"Gracias a la labor de aquellos pioneros y la constancia de personas e instituciones durante 30 años, hoy en día España tiene una posición respetada en el ámbito de la investigación en la Antártida --ha destacado Sorribas--. Las instalaciones de las que disponemos permiten vertebrar colaboraciones internacionales, gracias también al trabajo de unos equipos competentes y profesionales que generan una producción científica de primer nivel".
La BAE Juan Carlos I está incluida en el Mapa de Instalaciones Científico Técnicas Singulares. La base está íntegramente gestionada por el CSIC, a través de la Unidad de Tecnología Marina, que asume además la organización logística de las actividades antárticas que se desarrollan al amparo y bajo la coordinación del Comité Polar Español.
La investigación Española en la Antártida se enmarca en el contexto del Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2013-2016, que financia los proyectos científicos aprobados dentro de los distintos programas del Plan y el resto de proyectos científicos y actividades programadas dentro de la campaña antártica española.
La científica del Centro IDEAL, Dra. Marie-Laure Guillemin, se encuentra realizando una investigación que muestra que algas que estaban agrupadas bajo el mismo nombre, en realidad, pertenecen a especies diferentes.
En las zonas sub-antártica y antártica existen algas que estaban agrupadas bajo el mismo nombre, pero que en realidad pertenecen a especies diferentes. Esa es una de las principales conclusiones de un estudio genético que se encuentra realizando la científica del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes, Dra. Marie-Laure Guillemin.
La investigación de la Dra. Guillemin tiene como principal objetivo responder cuál ha sido el impacto que ha generado en las poblaciones de algas, los grandes eventos históricos desde los últimos 40 millones de años en el área sub-antártica y la Antártica, considerando, por ejemplo, los cambios tectónicos y las glaciaciones. Para ello, se ha centrado en el análisis de seis algas rojas (Porphyra, Pyropia, Wildemania, Gigartina, Iridaea y Plocamium) y una café (Adenocystis).
“En los siete géneros de algas estudiados, encontramos nuevas especies. Desde los últimos años, la genética ha revelado una gran diversidad escondida en las algas y este estudio muestra que en Chile y en la Península Antártica desconocemos parte de esa diversidad presente en la zona”, explica la Dra. Guillemin.
Además, la investigadora pretende determinar desde hace cuánto tiempo están separadas las algas de la zona antártica y sub-antártica. Una de las hipótesis que se intenta probar es el gran impacto que causaron los eventos glaciares en ambas áreas de estudio. El último de ellos, finalizó hace aproximadamente 18 mil años.
La investigación comparó muestras de algas extraídas tanto en la región de Magallanes como en la Península Antártica. A través de herramientas genéticas, que ayudaron a reconstruir una visión del pasado, se identificaron las especies crípticas, que son aquellas extremadamente similares en apariencia, sin embargo, en términos reproductivos se encuentran aisladas entre sí.
El estudio es financiado gracias a la adjudicación de un proyecto del concurso regular del Instituto Antártico Chileno (INACH) y es la continuación de una investigación que comenzó el 2013 y fue realizada por la UACh en conjunto con la UMAG .
“Este estudio nos muestra que la diversidad de algas que conocíamos en Magallanes y la Antártica es mucho mayor de lo que se pensaba y, por lo tanto, que nuestra visión de la distribución y del nivel de endemismo tiene que ser revisado. Indagar en el funcionamiento de estas especies permitirá entender cómo los cambios ambientales han afectado a lo largo de la historia”, concluye.
Ice crevasses near the coast of West Antarctica viewed during at NASA Operation IceBridge airplane on Oct. 28, in-flight over Antarctica. (Mario Tama/Getty Images)
An iceberg (Lower R) floats among streaks of sea ice near the coast of West Antarctica. (Mario Tama/Getty Images)
The NASA Operation IceBridge airplane flies over the West Antarctic Ice Sheet on Oct. 31. (Mario Tama/Getty Images)
Ice floats near the coast of West Antarctica. (Mario Tama/Getty Images)
Geoscientist David Gallaher steps out of the cargo hold after checking on an instrument inside a NASA Operation IceBridge airplane on Oct. 27, flying near Antarctica. (Mario Tama/Getty Images)
A tabular iceberg floats near the coast of West Antarctica. (Mario Tama/Getty Images)
Ice floats in West Antarctica. Antarctic sea ice volume is at the lowest level for this time of year since recording began in 1979. (Mario Tama/Getty Images)
Ice floats near the coast of West Antarctica as seen from a window of a NASA Operation IceBridge airplane. (Mario Tama/Getty Images) Sea ice surrounds Bransfield island in Antarctica. (Mario Tama/Getty Images)
Sea ice floats near the coast of West Antarctica. (Mario Tama/Getty Images) Geoscientist David Gallaher checks on a mission instrument inside the cargo hold of a NASA Operation IceBridge airplane on Oct. 27, in-flight over Antarctica. (Mario Tama/Getty Images) Ice floats near a land mass near the coast of West Antarctica. (Mario Tama/Getty Images)
Tractors hauling equipment and supplies in a traverse convoy
23rd December 2016
What’s it like to slowly inch your way across the featureless, white Antarctic icescape at a snail’s pace for more than 30 days?
Australian Antarctic Division Operations Specialist, Anthony Hull, will soon find out when he sets off on a 3200 kilometre traverse with the British Antarctic Survey (BAS), at the end of the month.
Travelling at just 7.5 kilometres per hour, the traverse won’t break any speed records, but will certainly test the team as they spend up to 12 hours a day hauling a convoy of diesel-powered prime movers, sleds, shelters, science platforms and fuel bladders.
“I expect the conditions will be noisy, cold and very bumpy, but it will be amazing to reach inaccessible parts of the continent, where you only have yourself and the team to rely on if something goes wrong.”
The traverse team will depart the British station Rothera at the end of December and take more than a month to travel to various locations on the Ronnie Ice Shelf.
“This is a really exciting opportunity to observe and learn about the extensive planning, safety analysis, equipment selection and fit-out, as well as logistical support needed for a deep field traverse in Antarctica,” Mr Hull said.
His experience will help develop the capabilities required for the Australian Government commitment of $45 million dollars to develop an overland traverse capability to pursue plans to drill a million year ice core.
The funding, detailed in the Australian Antarctic Strategy and 20 Year Action Plan, covers ice core drilling equipment, mobile station infrastructure, and support.
“On this British traverse there will be a core team of 4 people, with others joining throughout the expedition, including mechanics, operations personnel, and scientists.
“We will be conducting a number of scientific research projects en route and at specific points on the ice shelf,” Mr Hull said.
The traverse will support two major scientific projects. The ‘Bed Access, Monitoring and Ice Sheet History’ project will look at the past behaviour of the West Antarctic Ice Sheet, and the flow of the fast “ice streams” that drain it. The ‘Filchner Ice Shelf System’ project is capturing new observations and data on the stability of the Filchner Ice Shelf, to better predict sea level rises for the next 50 years.
Operations specialist, Anthony Hull, will head off on the traverse at the end of December Anthony Hull coordinating the resupply at Australia's Casey research station Map of the traverse route
Su tarea será vigilar la actividad sísmica, una labor que realizan mediante la instalación de un conjunto de estaciones sísmicas en distintos lugares de la Isla Decepción, que permiten evaluar el nivel de sismicidad y estudiar sus características y su origen
La Campaña Antártica Española 2016-2017 arranca en estos días, y en ella participarán varios investigadores del Instituto Andaluz de Geofísica de la Universidad de Granada.
El punto de salida se encuentra en la ciudad de Punta Arenas, en la Patagonia Chilena. Desde esta ciudad, enmarcada en el Estrecho de Magallanes, los investigadores granadinos tomarán un vuelo hasta la Isla Rey Jorge, situada en el archipiélago de las Shetland del Sur (Antártida). Posteriormente, el buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa los trasladará hasta la Isla Decepción, donde se encuentra la Base Antártica Española “Gabriel de Castilla”.
Desde el año 1994, la UGR participa con proyectos nacionales de I+D+I desarrollando trabajos de investigación sobre Sismología Volcánica en la Isla Decepción. La Isla Decepción es uno de los volcanes más activos de la Antártida, con erupciones muy recientes durante el periodo 1967-1970. Estas erupciones destruyeron dos bases antárticas: una chilena y otra británica. Actualmente solo hay dos bases operativas en la Isla: la Base Española “Gabriel de Castilla” y la Base Argentina “Decepción”.
Debido a la presencia de personal en las dos bases y el creciente turismo que visita la isla Decepción, se hace necesario la vigilancia volcánica continua durante el transcurso de la campaña antártica en el verano austral.
El Instituto Andaluz de Geofísica de la UGR tiene encomendada la tarea de realizar la vigilancia de la actividad sísmica. Esta labor se realiza mediante la instalación de un conjunto de estaciones sísmicas en distintos lugares de la isla, que permiten evaluar el nivel de sismicidad y estudiar sus características y su origen. La vigilancia sísmica se complementa con el estudio de la deformación a través de estaciones GPS que realizan investigadores de la Universidad de Cádiz, que nos ayuda también a establecer los niveles de actividad volcánica.
En esta Campaña Antártica 2016-2017participancinco investigadores: José Benito Martín, Manuel Titos, Luis Vizcaíno y Enrique Carmona (Universidad de Granada) eIván Fernández (Universidad de Río Negro, Argentina). El proyecto está liderado porJavier Almendros, profesor titular de la Universidad de Granada.
Porque los pingüinos y los neutrinos no saben de fiestas
Mientras sus colegas celebran las fiestas navideñas con la familia y los amigos, un puñado de investigadores pasa estos días en los confines del mundo estudiando los efectos del cambio climático, la vida de los pingüinos o la llegada de neutrinos cósmicos a la Tierra. Hablamos con seis de ellos en la Antártida y Cerro Paranal que trabajarán en Navidad, Nochebuena y Año Nuevo.
Los científicos Andrés Barbosa y Juan Masello, junto al montañero Iñaki Irastorza, celebrarán la Navidad y se comerán las uvas en Nochevieja dentro de un aislado iglú en la Antártida. / A. Barbosa/CSIC
En el más remoto de los continentes, la Antártida; en una de las solitarias islas Shetland del Sur, Livingston; en su península más occidental, Byers, tres hombres van a pasar las navidades en un campamento aislado para seguir de cerca los movimientos de los pingüinos y trabajar por la ciencia.
Andrés Barbosa Alcón
Campamento de la península de Byers
“Soy investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) y mis otros dos compañeros son el científico argentino Juan Masello, de la universidad alemana de Giessen, y el técnico de montaña Iñaki Irastorza. El campamento consta de dos iglús de fibra de carbono, uno que actúa de cuarto de estar y cocina, y otro de laboratorio. Para dormir utilizamos tiendas de campaña individuales.
Nuestro trabajo es conocer por medio de GPS, profundímetros y acelerómetros, cómo es la actividad de los pingüinos en el mar. Esta información se podrá utilizar para decidir la ubicación de áreas marinas protegidas y conocer las interacciones de las pesquerías de krill de la región con la actividad de los pingüinos.
Llegamos el 12 de diciembre y estaremos aquí hasta el día de Reyes. En este campamento disponemos de lo imprescindible para el trabajo y la alimentación, pero no faltarán los turrones y polvorones, ni uvas en lata para la Nochevieja. Lo que es seguro es que esos días comeremos pensando en la familia y los amigos que están en casa; brindaremos con cava y escucharemos música.
Es muy posible que en Nochebuena, Navidad y Año Nuevo nos toque trabajar, ya que los pingüinos no saben de fiestas. En todo caso, es un gran privilegio poder pasar unas navidades diferentes y especiales, rodeados de fauna antártica como elefantes marinos y focas. El 6 de enero, cuando vuelva a la base, colgaré todo lo que vaya escribiendo en un blog”.
Campamento de la península de Byers. / MINECO
Jordi Felipe Álvarez
Base Juan Carlos I, isla Livingston
A unas tres horas del campamento de Byers se encuentra el centro del que depende: la base antártica española Juan Carlos I, que desde hace casi 30 años abre cada verano austral. En ella trabajan una media de 42 personas coordinadas por el jefe de la base, Jordi Felipe, de la Unidad de Tecnología Marina del CSIC, que habla con Sinc a través de un teléfono IP vía satélite:
“En esta base, que estará operativa entre el 7 de diciembre y el 1 de abril, se hacen estudios sobre dinámica de glaciares, magnetismo, sismología, vulcanismo, fauna antártica, permafrost, líquenes, organismos extremófilos que ayudan a preparar misiones a Marte y, por supuesto, análisis sobre la evolución del cambio climático. La Agencia Estatal de Meteorología tiene una estación aquí.
El personal que se mueve en esta campaña supera las 200 personas. Las instalaciones y las plantillas de la base se están ampliando poco a poco, y se necesita financiación para que los científicos españoles, punteros en muchos campos de la investigación polar, puedan seguir desarrollando sus proyectos.
El 24 por la noche intentamos que la gente quede liberada para hablar con su familia y hacer algo especial, al igual que los días 25, 31 y el de Año Nuevo. Y claro que se echa de menos a la familia. Yo volveré con ella a mediados de la campaña y me relevará otro compañero.
Aquí no necesitas caprichos, te acostumbras a no tener cosas que necesitamos en la ciudad. Con comida, calefacción y gente nos basta. También nos relacionamos con otras bases, especialmente con la de Bulgaria, situada a unos 40 minutos en moto de nieve, y con buques de otras nacionalidades. Hay mucha fraternidad.
Lo más impresionante, sin duda, es el paisaje. Levantarse por la mañana y ver los glaciares, la nieve, esos cielos que te hipnotizan y sentir el silencio que rodea todo”.
Base Antártica Española Juan Carlos I. / MINECO
Javier Almendros
Base Gabriel de Castilla, isla Decepción
La otra base antártica española, bautizada como Gabriel de Castilla en honor al navegante español que probablemente descubrió la Antártida, ha abierto esta semana en la isla Decepción. Las conexiones todavía no son buenas, pero uno de los científicos que estuvo allí el año pasado cuenta la experiencia que estarán viviendo ahora sus compañeros:
“Nuestro grupo de investigación de la Universidad de Granada lleva más de veinte años estudiando la actividad sísmica del volcán Decepción, lo que en realidad es la isla sobre la que se asienta la base Gabriel de Castilla, gestionada por el Ejército de Tierra.
Ahora hay allí tres personas de nuestro grupo: Enrique Carmona y Benito Martín de la Universidad de Granada, e Iván Fernández de la Universidad de Río Negro (Argentina). Tras llegar en el Sarmiento de Gamboa, han estado descargando, instalándose y poniendo a punto equipos, incluido los de comunicaciones. Si el tiempo lo permite, seguramente pronto estarán completamente operativos y nos podremos comunicar normalmente con ellos por email.
Las fiestas de Navidad se celebran con una comida especial y alguna botella de vino o champán que se guarda para la ocasión. Se echa de menos a la familia y los amigos, pero somos conscientes de que a cambio estamos disfrutando de una experiencia única.
En Nochebuena suele haber alguna visita de buques oceanográficos y en Nochevieja se toman las uvas, tanto con el horario de España como con el de Argentina que se utiliza en la base. Además hacemos una fiesta para recibir el Año Nuevo y nos acostamos tarde. Esto es parecido a otros lugares, pero el trabajo continúa”.
Localización de las bases antárticas españolas y el campamento Byers. / Google Maps/SINC
Pablo Rodríguez Ros
Expedición ACE alrededor de la Antártida
En los mares que rodean la Antártida también estarán en campaña algunos científicos españoles durante estas navidades. Es el caso de dos investigadores del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) de Barcelona, que a bordo del buque ruso Akademik Treshnikov participan en una expedición del Instituto Polar Suizo. Todo un ejemplo de ciencia internacional:
“Esta semana zarpamos desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica) rumbo a la Antártida. Junto a mi compañera Pau Cortes estamos investigando en aguas del océano antártico como parte de nuestro doctorado. Yo he venido navegando desde Alemania y estaré fuera de casa desde noviembre hasta finales de enero 2017. He tenido la suerte de cruzar todo el Atlántico viendo delfines, ballenas, tiburones y, sobre todo, trabajando muchas horas en el laboratorio.
Participamos en la ACE Expedition, que circunnavegará la Antártida en tres etapas. En el blog Super Science Me se puede seguir.
Ahora nos dirigimos a Tasmania, donde llegaremos el 19 de enero, así que pasaremos las navidades entre pingüinos e icebergs. Tenemos previsto organizar las típicas celebraciones navideñas a bordo del buque Akademik Treshnikov, donde hay científicos de más de 30 nacionalidades distintas –solo somos dos españoles–. Estando en un barco todo es bastante limitado, el suelo se mueve y es difícil bailar. Pero estamos acostumbrados y seguro que disfrutamos de unas geniales navidades.
Lo más gratificante de estar aquí es poder vivir una aventura científica de esta magnitud. Esta es la primera expedición científica que pasará por todas las islas subantárticas. Estar rodeados de fauna marina es algo que no se olvida en la vida.
Lo más duro, como siempre, es estar lejos de la familia y amigos. No es solo por la distancia, sino también porque las comunicaciones son muy limitadas. Prácticamente no tenemos internet y solo hay un teléfono, que compartimos entre 80 personas”.
Pau Cortés y Pablo Rodríguez en el puerto de Bremen antes de partir en su circunnavegación alrededor de la Antártida. / ACE Expedition
James Casey
Experimento IceCube en el Polo Sur geográfico
En el corazón del continente helado los científicos también han creado el experimento IceCube, un extraño telescopio situado en la estación Amundsen-Scott del polo sur geográfico para detectar los neutrinos cósmicos más energéticos. Alguien tiene que vigilar para que este instrumento esté siempre listo: los winterovers:
“Aquí en el polo estamos siempre bastante ocupados, ¡incluso en Navidad! Soy asistente de investigación del Instituto de Tecnología de Georgia en el experimento IceCube. Durante el verano austral aprovechamos para realizar actualizaciones en el detector que solo podemos hacer en esta época, además de la calibración de rutina y solucionar los pequeños problemas que puedan surgir.
Actualmente hay cinco personas trabajando en IceCube: tres por un periodo corto y dos que nos quedaremos durante el próximo año. Nos llaman los winterovers porque pasamos aquí el invierno de guardia, 24 horas al día, los siete días a la semana. Somos responsables de que el detector continúe funcionando aunque ocurran fallos de hardware, poco probables, pero que a veces suceden.
Si no hay problemas, podremos relajarnos y disfrutar de las fiestas. Aquí hay alrededor de 45 a 50winterovers, pero solo dos somos de IceCube. El resto trabaja en otros experimentos científicos o son personal de apoyo, como carpinteros, fontaneros, cocineros, personal administrativo y otros puestos necesarios para mantener la estación.
Las dificultades cambian día a día. A veces son físicas porque estamos a una altitud de casi 3.000 metros. Otras son más personales, como extrañar bastante a la familia. Trato de hablar con ellos con regularidad, pero a veces es difícil por el satélite y los horarios de sueño. ¿Lo más gratificante? Formar parte de un experimento tan asombroso realizando una investigación astrofísica increíble en un entorno como el polo sur al que muy pocas personas pueden acceder.
Las incidencias no suelen ser frecuentes, así que solemos disfrutar de algún momento de ocio incluso para jugar al futbolín. Eso sí, si surge un problema, debemos enfrentarnos a él rápidamente para que el detector funcione cuanto antes a la perfección. No puede esperar para el día siguiente”.
Los winterovers del experimento IceCube a veces sacan tiempo para jugar el torneo de futbolín internacional más meridional del mundo. / @uw_icecube
Dimitri Gadotti
Observatorio Paranal - ESO (Chile)
Desde la Antártida, especialmente durante el verano austral, se pueden disfrutar los cielos del hemisferio sur, pero mucho más al norte, en el desierto chileno de Atacama, los astrónomos cuentan con una de las mejores instalaciones del mundo para poderlo hacer: el observatorio Paranal. Aquí también tienen que trabajar todo el año los astrónomos del Observatorio Europeo Austral (ESO):
“Aquí hay pocos cambios durante Navidad y Año Nuevo. Teniendo en cuenta los costes de mantenimiento, no podemos permitirnos el lujo de cerrar los telescopios, así que el trabajo continúa como siempre. Incluso en estas fechas hay alrededor de cien personas en esta montaña, como cualquier otro día.
Es muy difícil mantenerse alejado de la familia durante estas fechas, saber que todo el mundo está reunido y que faltas tú. Por otra parte, también es gratificante saber que somos responsables de mantener esta máquina –una de las maravillas tecnológicas que ha producido nuestra especie– trabajando por uno de los objetivos más dignificadores’ de la humanidad: entender el mundo.
Espero que haya tiempo para celebrar con buena comida y tal vez una cerveza. Durante el día hay muchos niños alegres por aquí, junto a las parejas de los científicos, lo que te hace sentir como esa gran familia que somos unida por el objetivo común de avanzar en ciencia y tecnología. Estar aislado en el desierto, lejos del consumismo loco y los viajes, tampoco es una mala idea después de todo. Da tiempo para reflexionar sobre nuestras vidas y las de las personas que amamos”.
El astrónomo Dimitri Gadotti con el Very Large Telescope del observatorio Paranal al fondo. / ESO/B. Tafreshi
Santiago de Chile, 21 dic (EFE).- El nadador de resistencia y activista británico Lewis Pugh nadó en las aguas de la Antártida para pedir un plan de protección oceánica en el que se declaren dos nuevas áreas marinas protegidas en la zona, en el marco de su papel como Promotor de los Océanos de las Naciones Unidas.
La semana pasada, según un comunicado de los responsables de la campaña "Antártica 2020", el más ambicioso programa de protección de los mares del continente helado, Pugh realizó la travesía en las cercanías de la isla Media Luna, en el mar de Bellingshausen, con una temperatura de cero grados en el agua.
"El nado fue muy duro. Recientemente tuve una operación en mi espalda y mi potencia no es lo que solía ser. Pero estas travesías me ayudan a mostrar al mundo lo valiosas que son estas últimas áreas salvajes de la Antártica", remarcó Pugh, de 45 años después de recuperarse de la hipotermia que sufrió durante la travesía, que cumplió en 17 minutos y 30 segundos.
La aventura tuvo por objetivo demandar la declaración de ese paraje antártico y del Mar de Weddel, cubierto de témpanos de todas las formas y tamaños y de sorprendentes colores, como "área marina protegida", hito que ya consiguió el pasado octubre con el Mar de Ross.
"Es el momento de aprovechar nuestro éxito reciente en el Mar de Ross. Con el apoyo público creo que podemos lograr el plan de protección de los océanos más ambicioso de la historia", comentó.
El nadador opinó que Chile debería encabezar las iniciativas para que el área, que tendría una extensión de alrededor de siete millones de kilómetros cuadrados -el tamaño de Australia, aproximadamente-, sea declarada zona protegida.
"Chile tiene un importante rol en la protección de la Antártica. Está muy cerca, son vecinos, pero además, acaba de proponer una gran Área Marina Protegida en la Península Antártica. Ahora Chile debe convencer a 23 otras naciones y a la Unión Europea para conseguir respaldo de su acción", explicó.
Según Pugh, la campaña 'Antártica 2020' contará, además del apoyo de Naciones Unidas, con el respaldo de importantes líderes mundiales, científicos, ambientalistas, políticos y activistas por la paz.
"La protección de estos océanos los hace más resistentes al cambio climático y les permite ayudar a otros océanos a recuperarse de la sobreexplotación pesquera. El tiempo es esencial. Simplemente no tenemos otros veinte años para pensar proteger las últimas áreas salvajes del mundo", manifestó el nadador.
This Extreme Swimmer Fights for Antarctica’s Oceans—in a Speedo
Lewis Pugh campaigns to save primal seas, rich in marine life, that are threatened by human activity.
Lewis Pugh, accompanied by icebergs, swims in near-freezing Antarctic waters.PHOTOGRAPH BY KELVIN TRAUTMAN
By Kat Long
PUBLISHED
Long-distance swimmer Lewis Pugh, a past National Geographic Adventurer of the Year, has donned his Speedo and dived into the world’s iconic waters—from the icy North Pole to a Himalayan glacial lake to the ancient Red Sea, thick with coral and tropical fish. Now the 47-year-old adventurer is taking dips off the coast of Antarctica, hoping to draw attention to a new campaign to establish three marine protected areas (MPAs) by 2020, the year marking the 200th anniversary of the discovery of the southernmost continent.
Lewis Pugh holds his breath during a freestyle stroke in Antarctica's Bellingshausen Sea.PHOTOGRAPH BY KELVIN TRAUTMAN
Last week, Pugh swam a one-kilometer route in the Bellingshausen Sea, an area of the Southern Ocean named for the Russian explorer who sighted the frozen land in 1820. It took Pugh 17 minutes and 30 seconds, “but it felt like 17 days,” he admits. “Anyone who says they enjoy swimming in cold water has never really done it.”
But Pugh says his extreme swimming is a valuable tool to raise awareness of the need to protect the biologically rich waters of Antarctica. “They’re a true garden of Eden,” Pugh says, describing swims where he’s seen humpback whales, albatrosses, Gentoo, chinstrap, and emperor penguins; and Weddell, crabeater, and leopard seals. Despite their remoteness, these seas face tremendous pressure from climate change, overfishing, and pollution, he says.
The first MPA in Antarctica was designated just this year: It now protects a 598,000-square-mile area of the Ross Sea—roughly twice the size of Texas. Pugh is now working with Pristine Seas, a National Geographic Society-sponsored effort to identify and protect wild oceans, to designate three more MPAs within the next three years. (In comparison, the Ross Sea MPA took 17 years.) The additional MPAs will bring the total protected area in Antarctica to approximately 4,345,000 square miles.
Achieving that won’t be simple. Pugh, a maritime lawyer, will travel among the European Union and 24 member nations of the Commission for the Conservation of Antarctic Marine Living Resources (CCAMLR), which are responsible for establishing MPAs. He has to lobby heads of state—who are increasingly occupied with other international affairs—to support the 2020 campaign, which Pugh says is already backed by many scientists, environmental leaders, and Nobel laureates. Crucially, Pugh must get the member countries to agree with each other on measures to protect the Southern Ocean.
He notes that 12 nations set aside Antarctica for peace and science in 1959, and he hopes that the 2020 campaign can be used as a similar bridge for peace. “It’s the most ambitious protection campaign in history,” he says. “But I’m confident we will get the MPAs designated within the three-year period.”
Lewis Pugh swims next to a massive heart-shaped iceberg in Antarctica's Bellingshausen Sea.PHOTOGRAPH BY KELVIN TRAUTMAN “This is an issue of justice between generations—we must protect Antarctica for our children and grandchildren,” Pugh adds. “It’s also a matter of justice between species. These emperor penguins, whales, and albatrosses have been living here for thousands upon thousands of years. We have no right to destroy their world and push these species to extinction. If we don’t protect this part of the world, it will be gone forever.”
Lewis Pugh takes a hot, hour-long shower to warm up after swimming in the icy Bellingshausen Sea.PHOTOGRAPH BY KELVIN TRAUTMAN
Lewis Pugh is bundled in blankets after his Antarctic swim.PHOTOGRAPH BY KELVIN TRAUTMAN NATIONAL GEOGRAFIC
El canciller de Chile recibe al británico que apoya las áreas protegidas en la Antártica
El Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Heraldo Muñoz, recibió hoy al nadador británico y promotor de los Océanos de Naciones Unidas, Lewis Pugh, quién promueve la creación de áreas protegidas en la Antártica.
El Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Heraldo Muñoz, recibió hoy al nadador británico y promotor de los Océanos de Naciones Unidas, Lewis Pugh, quién promueve la creación de áreas protegidas en la Antártica.
El propósito de la vista de Pugh a Chile -quien además es miembro, al igual que el Canciller, de la iniciativa Ocean Unite Network- es fomentar para el año 2020 la creación de tres Áreas Marinas Protegidas (AMP) en las zonas vulnerables de la Antártida Oriental, el Mar de Weddell y la Península Antártica, esta última propuesta por Chile, en conjunto con Argentina.
Junto al Mar de Ross, que fue declarado AMP en octubre de este año, estas zonas adicionales abarcarán casi 7 millones de kilómetros cuadrados.
"Nos agrada mucho recibir al señor Pugh como representante de Naciones Unidas de una causa que es la nuestra: la conservación de los océanos", afirmó Muñoz al término del encuentro.
El jefe de la diplomacia chilena afirmó que "compartimos el mismo propósito de conservar nuestros océanos de la depredación por parte de la pesca ilegal, de la polución del plástico y de la acidificación".
"Los mares alrededor de la Antártica son mares prístinos y hay que conservarlos como tal", precisó el Canciller.
El ministro destacó además los elementos en común que acercan a Lewis Pugh con Chile. "Él es un gran impulsor de estas iniciativas por parte de Naciones Unidas y Chile hoy es reconocido como un líder internacional en materia de conservación de los océanos".
Al respecto, Muñoz informó que ya se estableció "un Área Marina Protegida alrededor de las Islas Desventuradas en el norte de Chile y estamos trabajando con la comunidad Rapa Nui para una consulta que pueda derivar en un Área Marina Protegida alrededor de Isla de Pascua".
"Al mismo tiempo, en la Antártica, estamos en conversaciones con Argentina para establecer conjuntamente un Área Marina Protegida alrededor de la Península Antártica", añadió.
El británico Pugh valoró haber sido recibido por el Canciller y destacó la propuesta impulsada por Chile y Argentina.
"Estoy muy entusiasmado pues espero que en el corto plazo tengamos una de las mayores Áreas Marinas Protegidas del mundo en la Antártica, y esto ha sido liderado por Chile", enfatizó.