viernes, 3 de abril de 2020

Antártida. Viaje al ecosistema de la aventura polar



El autor recoge en esta publicación la historia de la exploración del continente blanco, plagada de fracasos y de éxitos, de gloria y de olvido, y nos narra también su propia aventura.
En este libro está toda la Antártida, desde los exploradores más famosos (Amundsen, Scott, Shackleton...) hasta las expediciones españolas actuales.
Con numerosas fotografías, muchas inéditas.  En 1986 el autor embarcó como único periodista en la primera expedición científico-pesquera española a la Antártida, aventura que abriría a España las puertas del Tratado Antártico.
Treinta años después, Valentín Carrera regresa a bordo de los buques Sarmiento de Gamboa y Hespérides, con la XXX expedición auspiciada por el Comité Polar Español.
Habiendo navegado más de cuarenta mil kilómetros, y habiendo cruzado diez veces el Paso Drake, Valentín Carrera desnuda el relato emociona, ‘la cara oculta de la gesta antártica’, engarzada en la crónica de una travesía personal impulsada por el Viento Optimista o Viento Shackleton. 
Antártida. Viaje al ecosistema de la aventura polar es un libro global: un viaje en compañía de los grandes exploradores del Polo Sur, desgranando doscientos años de historia, pero también un viaje emocional, un relato de divulgación científica, y un alegato ecologista contra el calentamiento global y el cambio climático. 
En las 460 páginas de este libro-iceberg, Valentín Carrera reconstruye y documenta minuciosamente las vidas al límite de los argonautas del sur: Cook, Ross, Gerlache, Scott, Amundsen, Shackleton, Mawson, Wild o Hurley, entre otros, a través de sus bitácoras, libros de viajes, memorias, informes científicos, fotografías y filmaciones. 
El libro incluye numerosos mapas, el itinerario detallado de la XXX Expedición Científica Española 2016/17, una completa bibliografía de la gesta polar, con especial atención a los relatos y memorias de los grandes exploradores; y una imagen insólita y novedosa: la Antártida desnuda.
‘Antártida. Viaje al ecosistema de la aventura polar’. Autor: Valentín Carrera. I.S.B.N. número: 97-884-120-558-94. Editorial: Ediciones del Viento. Fecha de la edición: 2020. Lugar de la edición: La Coruña. Número de la edición: primera. Encuadernación: rústica con solapa. Dimensiones: 16,5 cm x 24 cm. Número de páginas: 464. Idioma: español. Precio de venta:  25,00 euros.

Expreso

jueves, 2 de abril de 2020

La Patagonia chilena, cuna de los misterios del planeta







Cerro Guido (Chile) 1 de abril (EFE/EPA).- (Imagen: Felipe Trueba) Un valle en el extremo sur de Chile, apodado la "Piedra de Rosetta" de la paleontología en el hemisferio sur, está proporcionando a un equipo internacional de investigadores nuevos hallazgos de fósiles bien conservados de vertebrados, invertebrados y plantas del período Cretácico que podrían ser la clave para descubrir los secretos de la vida y el planeta al final de la era de los dinosaurios.

ANTÁRTICA: Hallazgo científico: detectan presencia de choritos en la Península Antártica

Un nuevo estudio, encabezado por la genetista chilena Dra. Leyla Cárdenas, reveló que la afluencia de barcos, el inusual aumento en la temperatura del océano y la capacidad fisiológica de la especie, podrían proporcionar una “ventana de invasión”. La investigación fue publicada en la revista Scientific Reports.
Andrea Navarro, Centro IDEAL. Cuando la bióloga marina Paulina Bruning buceaba en las gélidas aguas de Bahía Fildes, Península Antártica, desconocía que las esponjas que había recolectado aquella tarde de verano traían consigo algo que no había sido registrado antes en el continente blanco. Sin embargo, al momento de analizar las muestras bajo el microscopio, se percató de que lo que había encontrado era significativo.

Los mejillones fueron hallados en Bahía Fildes, lugar donde se encuentra la Base Escudero del Instituto Antártico Chileno (INACH)
Foto Ricardo Giesecke

Un estudio publicado en la prestigiosa revista científica Scientific Reports (Nature Publishing Group), y encabezado por la genetista chilena del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (IDEAL) de la Universidad Austral de Chile (UACh), Dra. Leyla Cárdenas, reveló cuán importante fue ese hallazgo. Tras una serie de análisis en laboratorio, se confirmó la presencia de Mytilus cf. platensis –comúnmente conocido como mejillón o chorito– en el Océano Austral.
Las posibilidades de encontrar especies no nativas en la Antártica existían. Una reciente investigación realizada por un grupo de científicos ingleses dio a conocer un listado de 13 especies con altas probabilidades de invadir la zona más septentrional del continente blanco. Aquella lista era encabezada por los choritos, considerados un importante recurso comercial para Chile. Sin embargo, hasta la fecha, ningún grupo de investigación había logrado encontrarlos.
Usando herramientas genéticas de vanguardia, como marcadores mitocondriales y nucleares, la Dra. Cárdenas y un equipo multidisciplinario de expertos de la Universidad de Lával (Canadá) y del William College (Estados Unidos), realizaron una identificación en base a secuencias de ADN. Tras ello, clasificaron los organismos en el grupo de los mitílidos. Posteriormente utilizaron una base de datos mundial para determinar cuál era la asociación geográfica de las muestras que provenían de la Antártica.
“Este no fue un hallazgo casual. Es el resultado de un trabajo sistemático de monitoreo, observación y evaluación de biodiversidad que estamos realizando desde hace más de cuatro años. Los choritos que han llegado a la Antártica requieren la interacción con el ambiente y la protección del sustrato. En estos momentos, ese refugio se lo están dando las esponjas marinas”, explica la Dra. Cárdenas.

Uno de los mecanismos más comunes que las especies invasoras marinas utilizan para arribar a otros lugares es  través de los barcos
Foto: Ignacio Garrido

Luego de diversos análisis, los investigadores determinaron que los individuos correspondían al mismo grupo genético de choritos que habita en la Patagonia (Chile y Argentina) e islas Kerguelen, ubicadas en el Océano Índico. Pese a ello, los ejemplares hallados no tienen la misma densidad ni abundancia, puesto que en el continente blanco necesitan asociación con otros organismos para sobrevivir y por ahora no se han encontrado evidencias de que sean capaces de reproducirse.
Ventana de invasión
Uno de los mecanismos más comunes que las especies invasoras marinas utilizan para arribar a otros lugares es a través de los barcos. La gran afluencia de este tipo de transporte es un potencial responsable de la llegada de especies exóticas. En general, se cree que pueden desplazarse por medio de agua de lastre o adherirse a los cascos.
Teniendo en cuenta este antecedente, los investigadores realizaron un cruce de información entre el registro oficial del flujo de buques que llega a la Península Antártica, los datos de temperatura en el Océano Austral y la capacidad fisiológica del chorito. Gracias a ello, descubrieron que se puede producir una “ventana de invasión”, que les permite sobrevivir y establecerse en las aguas del continente blanco.
“De acuerdo a nuestros registros, en la época estival ha habido un aumento inusual de temperatura, lo que coincide con la temporada de mayor afluencia de barcos, por lo que se abre una oportunidad para el ingreso de especies exóticas. Esto no significa que haya una población establecida. Encontramos solo individuos recién reclutados, sin embargo, todo proceso de invasión comienza con la introducción de individuos. Es algo que aún debemos estudiar”, asegura el ecólogo del Centro IDEAL y co-autor del estudio, Dr. Luis Miguel Pardo.

Los mejillones fueron encontrados asociados a esponjas marinas
Foto: Paulina Bruning

¿Y el futuro?
El trabajo científico da cuenta de que los choritos encontrados están fuera de su rango geográfico histórico. Sin embargo, es necesario continuar las investigaciones con el objetivo de determinar si estos organismos se volverán abundantes y dominantes en los ecosistemas marinos antárticos.
El aumento de temperaturas generado por el cambio climático, podría abrir una puerta y generar poblaciones locales de especies exóticas si estas llegan a ser capaces de reproducirse.
Leer artículo científico aquí.

Centro Ideal


500 años de la llegada a Patagonia y del motín contra Magallanes

Sevilla, 31 mar (EFE).- La flota de la primera vuelta al mundo llegó hace hoy 500 años a la Patagonia, donde se produjo un motín contra el capitán general, Fernando Magallanes, que condenó a muerte a 44 de sus participantes, entre ellos Elcano, aunque finalmente "solo" mató y descuartizó a dos y abandonó a otros dos, entre ellos a un sacerdote.
Los cinco barcos de la flota fondearon cinco meses en el puerto de San Julián, localidad patagónica donde existe una réplica de la nao Victoria, la primera embarcación que completó la vuelta al mundo, y la decisión de permanecer en la zona contó con una fuerte oposición de gran parte de los mandos y de parte de la tripulación.
Cuando fondean para invernar en San Julián, que está apenas a 290 kilómetros del famoso estrecho que comunica el Atlántico y el Pacífico, entonces aún inédito, Magallanes "cuenta por fin a los demás capitanes su plan para llegar a la Especiería por el lado del mundo desconocido", explica el especialista en la primera vuelta al mundo Tomás Mazón.
La llegada al puerto de San Julián se produce siete meses después de que la expedición saliera de Sevilla con cinco barcos y 267 hombres, una cifra que baila en función de las fuentes históricas usadas.
La decisión de pasar allí el invierno es la gota que colma el vaso de varios de los capitanes, que se amotinan contra Magallanes, quien logró hacerse con el mando y dominar la situación, tras lo cual condenó a muerte a 44 de ellos, aunque a cuarenta perdona porque les hace falta para gobernar los barcos, según la versión más extendida de lo ocurrido.
Sin embargo, Ginés de Mafra, el piloto de uno de los barcos, la Trinidad, afirma que no se consuma la ejecución de todos los amotinados, entre ellos Juan Sebastián Elcano, que culmina en 1522 la primera vuelta al mundo, porque esa "crueldad no consintió la demás gente de la armada".
Como consecuencia del motín, su cabecilla, el capitán del barco San Antonio y veedor general de la flota, Juan de Cartagena, fue abandonado junto al clérigo Pedro Sánchez de la Reina en una isla de la zona.
Magallanes "no se atrevió a quitarle la vida" a Cartagena "porque había sido nombrado capitán por el mismo emperador", relata el cronista de a bordo, Antonio Pigafetta, quien recuerda que en esa zona levantaron una cruz en una montaña cercana que llamaron Monte de Cristo "y tomamos posesión de esta tierra en nombre del rey de España".
El capitán de la Victoria, Luis Mendoza, ya cadáver tras ser apuñalado en el motín, fue descuartizado, lo mismo que ordenó Magallanes con el capitán de la Concepción, Gaspar de Quesada, y con el contador de la expedición, Antonio de Coca, según explica el capitán de navío e historiador José María Blanco Núñez en su libro sobre la primera vuelta al mundo.
Tras esas ejecuciones, ya no hubo más motines en la armada de la Especiería, recuerdan los historiadores.
En el puerto de fondeo, la armada tuvo contacto con los habitantes de la zona, que son "gigantes", según Pigafetta, quien los define como "muy glotones; los dos que cogimos se comían cada uno un cesto de bizcocho por día, y se bebían medio cubo de agua de un trago; devoraban las ratas crudas, sin desollarlas. Nuestro capitán llamó a estos pueblos patagones", explica el cronista.
Una vez retomada la navegación tras pasar el invierno en la Patagonia y el naufragio de una de las naves que reconocía la zona, la Santiago, que se saldó sin víctimas, los otros cuatro barcos casi naufragan antes de llegar al Estrecho de Magallanes.
Allí, la embarcación San Antonio, la de mayor capacidad de almacenamiento de alimentos, deserta y regresa a España, "lo que constituirá un duro golpe para los que continuaron la circunnavegación", indica Blanco Núñez. EFE
La Vanguardia

miércoles, 1 de abril de 2020

PATAGONIA: Acostumbradas a la soledad, ciudades aisladas en Patagonia temen la quiebra

Viven aislados desde hace años en localidades de la Patagonia, en el
sur de Argentina. No tienen miedo a la soledad pero temen que
el nuevo coronavirus arrase con la economía de esa zona
dependiente del turismo y del petróleo.
Del lado de la Cordillera de los Andes, han pasado grandes nevadas
que los han dejado sin luz ni comunicación durante meses. Del otro,
a orillas del océano Atlántico, han sido golpeados por lluvias despiadadas
que bloquearon todos los accesos.
Están acostumbrados al aislamiento y a tener un solo hospital
a varios kilómetros de distancia, pero sufren los estragos de la
pandemia en una región de Argentina que, según analistas,
quedará muy golpeada por su dependencia del turismo y del petróleo,
dos de los sectores más afectados por la crisis de COVID-19.
- Astrid Perkins -
Bahía Bustamante, en la provincia petrolera de Chubut, está en el
margen norte del golfo de San Jorge, un accidente costero del Océano
Atlántico. Es una zona rica por su biodiversidad y sus playas de mar
azul intenso y arena blanca, rodeadas de grandes formaciones rocosas.
Allí en un campo "completamente autosustentable", y en medio de la
nada, vive Astrid Perkins junto a su marido. Solos, completamente
aislados.
"La ciudad más cercana está a 180 km", cuenta Astrid al referirse a
Comodoro Rivadavia, de más de 230.000 habitantes, declarada en
emergencia sanitaria.
"Nosotros hace poco más de dos semanas cerramos completamente
el ingreso al campo, nos mantenemos comunicados con el exterior a
través de la radio y con el wifi que durante unas horas tenemos
por energía solar".
"Aquí la vida continúa como de costumbre pero estamos mucho más
atentos a generar alimentos para varios meses, entre el mar y
la huerta biodinámica".
"Nos consideramos afortunados de poder cumplir cuarentena en un
lugar tan amplio, tan lleno de recursos y tan bello como éste.
Donde me detengo a mirar, tengo 360 grados de naturaleza pura,
no necesito nada más".
Ya pasaron por otros momentos de aislamiento cuando en años
anteriores intensas lluvias transformaron los accesos en auténticos
ríos.
Sin embargo, la pandemia le provoca mucha "incertidumbre,
mucha preocupación" por la economía de la provincia sumida
en una fuerte recesión que se arrastra desde hace años y parece
no tener fin.
Esta provincia "está quebrada, hay una grave crisis sanitaria", afirma.
Aquí, "hay campos laneros y el mercado de la lana se fue al tacho,
hacemos algo de turismo y el turismo se cerró", cuenta.
"Ya el problema económico es inmenso y se le suma esto".
- Martín Díaz -
Martín Díaz vive en El Chaltén desde antes de 1985, cuando el pueblo
se fundó.
Ubicado en la Provincia de Santa Cruz, en el sur de la Cordillera de
los Andes, este pueblo es uno de los más jóvenes de la Patagonia.
Díaz nació en el campo cerca de allí y es una figura clave en el pueblo
de 1.400 habitantes, recomendado por guías turísticos como uno de
los mejores sitios a visitar en el país sudamericano.
Con vistas al imponente cordón montañoso del Fitz Roy, la localidad
vive del turismo. Díaz tiene dos hostales.
"Este año teníamos todo reservado, pero todo fue cancelado por
este virus", se lamenta.
- Silvia Rojas -
De 58 años, Silvia Rojas nació en Buenos Aires. Pero a los 47
años quiso un cambio de vida radical y se mudó junto a su marido
al paraje de Mallín Ahogado, una zona rural de 4.000 habitantes
desperdigados en unas 30.000 hectáreas en el extremo suroeste
de la provincia de Río Negro (sur).
Lo más cercano para hacer compras es El Bolsón, una ciudad
de 19.000 habitantes enclavada en un valle de la Cordillera
de los Andes, rodeado de montañas, a 20 km de allí.
"El aislamiento no afectó nuestra vida cotidiana. No hay
mayores cambios, vamos al pueblo una vez a la semana
a comprar para nosotros y para los vecinos", cuenta.
"El hecho de vivir aislado te obliga a articular una organización
entre vecinos".
Silvia ama este lugar de espacio sin límites, naturaleza
en estado puro, enmarcado por la Cordillera con ríos, lagos y
bosques nativos. Pero ha debido atravesar varias situaciones
de aislamiento total debido a las intensas nevadas que golpearon
la zona durante los inviernos pasados.
"Nos hemos quedado sin luz, completamente incomunicados".
En la Patagonia se acostumbró a vivir con poco y "resolver con lo
que hay".
Sin embargo, este aislamiento es "emocionalmente diferente".
Sus tres hijos y su madre de 90 años están en Buenos Aires,
también aislados.
INFOBAE

lunes, 30 de marzo de 2020

Historias de patagonia:De ladrón de frontera a Gendarme en Cabo Vírgenes por Mario Novack

Historias de patagonia:De ladrón de frontera a Gendarme en Cabo Vírgenes

El marino Teófilo De Loqui, quien tuviera trascendente actuación como funcionario militar en Santa Cruz, nos regala una de las perlas más destacadas de la historia fronteriza.
Cuenta que en cierta ocasión, ante las andanzas de un grupo de malvivientes en el recientemente descubierto yacimiento aurífero de Cabo Vírgenes, se decidió el desbaratamiento de ese núcleo delictivo.
Se trataba de la denominada “Banda de Manrique” con varios integrantes chilenos en el grupo que se había asentado en la zona de Zanja a Pique, uno de los lugares destacados en la explotación de oro. 
El precioso metal fue descubierto por Lucacho, un cazador de sangre tehuelche mientras husmeaba en los restos del naufragio del vapor francés Artique, al pie de Condor Cliff. Esto aconteció en el año 1886, meses después de considerarse fundada oficialmente la ciudad de Río Gallegos.
Lucacho al trasladarse a Punta Arenas para adquirir víveres y ropas pago con una pepita de oro bastando esto para que la novedad  echara a correr y de inmediato una legión de extranjeros se lanzara sobre la zona de Cabo Vírgenes .


Allí llegaron raudamente serbios, croatas, ingleses, españoles italianos, dálmatas y hasta algún alemán que pretendían volverse ricos con el oro. Mayoritariamente eran cazadores de lobos o navegantes que apostaban a un golpe de suerte.
La mayoría de ellos abandonó el lugar al año siguiente y la actividad comenzó a ser regulada por el gobierno nacional que extendió un régimen de concesiones, convocando a las compañías mineras.
Hasta ahí se aproximó el rumano  Julius Popper, todo un experto en el tema, que rápidamente advirtió que el precioso metal en grandes cantidades no se encontraba allí, sino cruzando el Estrecho de Magallanes, en la Tierra del Fuego argentina, donde se asentó y fundó un verdadero imperio, con el que hasta acuñó su propia moneda.
En tanto, el descubridor Lucacho moriría un año después de la aparición del oro en el lugar. Como citáramos, esta oleada de buscadores transformó a Cabo Vírgenes en “tierra de nadie” y motivó que el entonces gobernador Carlos María Moyano tomara cartas en el asunto comisionando a De Loqui para poner en marcha la “Gendarmería” de Cabo Vírgenes.


El Dr. Pablo Navas destaca en su trabajo de Tesis doctoral denominado “La construcción de soberanía y el control social en la periferia patagónica desde la cárcel de Río Gallegos (1895-1957 )”,  los pormenores del nacimiento de este retén de la Gendarmería santacruceña en Cabo Vírgenes.
Allí, la creación de la Comisaría surgió de la necesidad de resguardar los bienes nacionales y de garantizar la presencia del Estado nacional. Por tratarse de una zona próxima a la localidad chilena de Punta Arenas, resultaba frecuente que grupos de lavadores de oro chilenos transportaran arenas auríferas a Chile, donde posteriormente eran lavadas, entre estos grupos se hallaba la denominada “banda de Manrique”.


Estas circunstancias impulsaron al entonces gobernador del territorio, Carlos María Moyano, a que designara tres funcionarios con la orden de desarticular a la banda y en “Policía de Santa Cruz. Reseña histórica. Homenaje 121º aniversario. Buenos Aires, Editorial Ámbito Policial, 2005. P. 31”, rescatamos la siguiente crónica: 
“[…] partieron, bien armados y pertrechados los tres empleados del Gobierno, en silencio llegaron […] hasta el lugar donde se encontraba el campamento […] la orden fue: ¡adelante sargento! y con unos disparos al gritar ¡manos arriba! […] La alegría de haber atrapado a los delincuentes duró lo mismo que el tronar de los disparos. 
Seis hombres estaban delante de ellos mirándolos y cuatro hombres detrás de ellos apuntándoles […] luego del protocolo se sentaron alrededor de un fogón donde fueron desarmados pero invitados con café y tortas. […] 
De pronto la solución pasó por su mente […] Invitarlo a unirse a la fuerza policial. Manrique atónito le pide garantías y las mismas son ofrecidas. Nombramiento con el grado de cabo primero de gendarmería, cien pesos mensuales, comida, ropa y el olvido de los hechos delictivos que habían cometido. Contrato por un año, que podía ser renovado pero debería someterse a las leyes y reglamentos. Al resto de la banda, si tenía condiciones también se los aceptaría en la Policía con los mismos beneficios […] Se tomaron una noche para pensarlo […] Al día siguiente Manrique con tres de sus amigos […] manifiestan su determinación de incorporarse […] De esta manera quedó formada la Policía de Cabo Vírgenes”

 La modalidad que adquiere el nacimiento de la comisaría de Cabo Vírgenes, grafica muy bien las dificultades en la disponibilidad de recursos humanos con los que podía contar el gobierno territorial para conformar su agencia de control. En este caso, se manifiesta claramente la instancia de “negociación” que habilitan los mismo representantes del Estado con interlocutores cuyas acciones no se presentaron demasiado alineadas a la ley, y que precisamente terminaron resultando ser los futuros garantes de la misma.

La situación descripta por la crónica puede reflejar cierta paradoja o al menos contradicción, sin embargo es sólo aparente pues resultó frecuente por lo menos hasta principios de siglo XX, la incorporación a las agencias de control de sujetos que transitaran en los márgenes de la legalidad o bien que se presentara la realidad inversa, de que agentes policiales incurrieran en algún tipo de delito. En el caso particular de la policía de Santa Cruz señalé que las dificultades de ésta por cubrir la amplia geografía santacruceña fueron el impulso y el amparo para que amplios segmentos sociales desarrollaran sus actividades con escaso apego a la legalidad estatal.


El citado contrato de incorporación a la Gendarmería de Santa Cruz señalaba en su interior: “Por el presente me comprometo ha servir en la Gobernación de Santa Cruz en calidad de gendarme y durante un año, sin que en dicho plazo pueda sin pretexto suficientemente justificado solicitar la la vaja [sic] o retirarme sin ella de dicho servicio.
Esta gobernación podrá dar la vaja [sic] antes un del año, ya fuese por inutilidad o por otros servicios o por otras causas que juzgara el señor gobernador. Santa Cruz Agosto 1887”.
Los últimos años de explotación aurífera en Cabo Vírgenes tuvo como exponente Conrado Asselborn, un entrerriano de origen alemán del Volga, que terminara trágicamente sus días en la década del noventa.

El Diario Nuevo Día
Santa Cruz