jueves, 12 de junio de 2014

PATAGONIA: Temporada de ballenas en Patagonia



PUERTO MADRYN (ARGENTINA), 12 (ANSA) - La temporada de avistaje de ballenas comenzó oficialmente este mes en Puerto Madryn, localidad patagónica 1.500 kilómetros al sur de Buenos Aires, y tendrá este año la novedad del primer semisumergible para observar los cetáceos bajo el agua.

    Los primeros ejemplares de ballena franca austral que todos los años se aparean y dan a luz a sus crías en las aguas del Golfo Nuevo, frente a Puerto Madryn y a la pequeña localidad de Puerto Pirámides, empezaron a llegar entre abril y mayo.

    Desde entonces siguen llegando nuevos ejemplares, que permanecerán hasta diciembre y se pueden ver fácilmente en salidas embarcadas o bien desde la costa de El Doradillo, un área protegida a pocos kilómetros de Puerto Madryn.

    La llegada de las ballenas implica la llegada masiva de turistas, que disponen de seis operadoras habilitadas para realizar los paseos embarcados, de aproximadamente una hora de duración.

    Durante el avistaje se pueden ver ballenas jugando, interactuando con las embarcaciones y a veces dando impresionantes saltos, a poca distancia de la gente.

    Este año la gran novedad comenzará el próximo 15 de julio cuando zarpe el barco semisurgible "Yellow Submarine", una embarcación de industria argentina que por primera vez ofrecerá la posibilidad de ver a las ballenas abajo del mar.

    El barco fue ideado en 2008 inspirándose en los que se utilizan para realizar observaciones submarinas en el Caribe y en la Gran Barrera de Coral australiana.

    Comenzó a construirse en 2013 en Mar del Plata, puerto situado 400 kilómetros al sur de Buenos Aires, y este año fue trasladado a Península Valdés, donde se encuentra Puerto Pirámides, el punto de partida de los avistajes embarcados.

    La embarcación tiene 15,37 metros de eslora y una manga máxima de 4 metros. Fue construida en acero naval y tiene capacidad para 35 pasajeros: visto a flote, recrea la imagen tradicional de los submarinos, y en el piso inferior tiene un habitáculo con ventas para observar el mar y las ballenas. 
GDC/ACZ 
12/06/2014 18:33 

Los pingüinos prosperaron por el calentamiento gradual del clima y la retirada del hielo hace 30.000 años


Un estudio sobre cómo han cambiado las poblaciones de pingüinos durante los últimos 30.000 años muestra que entre la última edad de hielo y hasta hace unos 1.000 años los pingüinos se beneficiaron del calentamiento del clima y la retirada de hielo, por lo que la reciente disminución de los pingüinos puede deberse a que el hielo está retrocediendo demasiado lejos o demasiado rápido. Los autores de este trabajo, un equipo internacional, dirigido por científicos de las universidades de Southampton y Oxford, en Reino Unido, utilizó una ténica para estimar la diversidad genética que surgió cuando la corriente de la diversidad de los pingüinos y recrear el tamaño de población en el pasado.
Analizando los 30.000 años antes de que la actividad humana impactara en el clima, cuando la Antártida se calentaba gradualmente, encontraron que tres especies de pingüinos Barbijo, Adelia y las poblaciones de Gentoo en el sur aumentaron en número. Por el contrario, los pingüinos Gentoo en las Islas Malvinas se mantuvieron relativamente estables, al no verse afectados por un fuerte cambio en la extensión del hielo.
La autora principal del artículo sobre la investigación publicado en 'Scientific Reports', Gemma Clucas, del Departamento de Ciencias de la Tierra y Oceánicas de la Universidad Southampton, explica: "Mientras pensábamos en los pingüinos como típicamente dependientes del hielo, esta investigación muestra que durante la última edad de hielo probablemente había demasiado hielo alrededor de la Antártida para sustentar a las grandes poblaciones que vemos hoy". Los pingüinos que analizaron estos expertos necesitan terreno sin hielo para reproducirse y para ser capaces de acceder al océano para alimentarse. "Las extensas capas de hielo y el hielo marino alrededor de la Antártida la habrían hecho inhóspita para ellos", agrega esta experta.
"Lo que es particularmente interesante es que después de la edad de hielo todas las poblaciones de estos pingüinos fueron 'ganadores' con el cambio climático, lo que significa que el calentamiento del clima les permitió expandirse y aumentar en número. Sin embargo, no es el modelo que vemos hoy. Los pingüinos Adelia y Barbijo parecen estar disminuyendo debido al cambio climático alrededor de la Península Antártica, por lo que se han convertido en 'perdedores'. Sólo el pingüino Gentoo sigue siendo un 'ganador' y sigue expandiéndose hacia el sur", detalla.
Por su parte, el doctor Tom Hart, del Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford y autor del artículo matiza que no están diciendo que el calentamiento del clima de hoy sea bueno para los pingüinos. "De hecho, el declive actual de algunas especies de pingüinos sugiere que el calentamiento del clima ha ido demasiado lejos para la mayoría de los pingüinos", sentencia este investigador.
"Encontramos que durante los últimos 30.000 años, diferentes especies de pingüinos respondieron de manera muy distinta a un mundo que se calentaba gradualmente, algo que no cabía esperar dado el rápido daño que el actual calentamiento parece estar haciendo en los pingüinos", añade Hart.
Para estimar la diversidad genética de esta especie, los investigadores recogieron plumas y muestras de sangre de 537 pingüinos en las colonias alrededor de la Península Antártica y secuenciaron una región del ADN mitocondrial que evoluciona con relativa rapidez.
Mediante el uso de la tasa de mutación de esta zona de ADN como un punto de calibración, estos expertos lograron trazar cómo el tamaño de estas poblaciones varió con el tiempo. "Durante la última edad de hielo, la Antártida estaba rodeada por un cien por cien más de hielo marino invernal que hoy --dice Hart-. A medida que el hielo se retiró, estos pingüinos tuvieron acceso a sitios de reproducción cada vez más abiertos al mar para alimentarse".
"A pesar de que el histórico calentamiento abrió nuevas oportunidades para los pingüinos, no se debería asumir que el rápido calentamiento actual causado por la actividad humana es bueno para ellos en su conjunto. Evidencia de otros estudios muestra que el cambio climático hoy está creando un montón de perdedores y pocos ganadores", prosigue Clucas. De hecho, alerta de que las poblaciones de Adelia y Barbijo alrededor de la Península Antártica están disminuyendo rápidamente, probablemente, como resultado de las reducciones del hielo del mar haciendo que se reduzcan los stocks de camarones de los que se alimentan, mientras que las poblaciones de los pingüinos Gentoo, que no dependen tanto del camarón, crecen y se expanden.

La Razón

PATAGONIA/CINE: A 40 años del estreno de La Patagonia Rebelde


Hace 40 años, un 13 de junio de 1974, se estrenaba La Patagonia rebelde, la película dirigida por Héctor Olivera y protagonizada por Héctor Alterio, Luis Brandoni, Pepe Soriano, Federico Luppi y Osvaldo Terranova. La misma reconstruye los fusilamientos de obreros y trabajadores rurales en la Patagonia a principios de la década del 20, basándose en la investigación histórica a la que Osvaldo Bayer consagró años de trabajo y que aún hoy sigue su camino. La película fue escrita por el propio Osvaldo Bayer junto al director Héctor Olivera y Fernando Ayala, su socio en la productora cinematográfica Aries.

(Especial TELAM) Su importancia trasciende diversas fronteras y por eso es una película única. Bien vale recordarla por sus méritos cinematográficos: fue una producción acorde con los estándares más elevados de la industria cinematográfica de la década del 70; contó con un reparto actoral excepcional del cual surgieron o se consolidaron los actores nacionales más destacados de los últimos cuarenta años; e innovó en términos estéticos y narrativos, proponiendo un relato político e histórico como una épica de un western patagónico, y que además por primera vez cuestionaba el accionar de los uniformes militares.

Pero también es valiosa en términos políticos: todo el derrotero por el que sus hacedores tuvieron que pasar, desde el germen del proyecto, pasando por la filmación, montaje, aprobación y calificación, llegando al estreno, su premiación en el festival de Berlín, años de prohibición y amenazas y reestreno en democracia, son, para decirlo sencillamente, otra película en sí misma.

Y es única además en términos históricos, en un momento en donde contar las historias de las víctimas no estaba de moda. La Patagonia rebelde recrea con sus argumentos cinematográficos un hecho histórico que hasta ese momento había permanecido oculto al gran público. Y fue un hecho histórico realmente trágico, cruel, en donde cientos de trabajadores fueron fusilados por solicitar, entre otros sencillas peticiones, “botiquines con instrucciones en español en vez de en inglés”. Fue la primera película en denunciar los inquebrantables lazos entre la oligarquía y el Ejército.

Desandar el camino de La Patagonia rebelde es encontrarse con la conmovedora gesta de un grupo de obreros de pie, inmersos en la región más inhóspita y legendaria de nuestro país. Y también atravesar nuestra historia política más reciente. Al fin y al cabo, un siglo después de su heroica lucha, el gallego Soto y Facón Grande siguen teniendo razón.


Política&Medios

miércoles, 11 de junio de 2014

Cómo vive una familia en el fin del mundo


Andrés Valenzuela, su esposa Paula y su hijo Matías estarán un año en la isla del Cabo de Hornos, donde está instalado el faro más sureño del continente; cómo se comunican, cuál es su día a día, qué sueñan con hacer en el regreso

"Un buen día es cuando hay sol y puedo salir a caminar y disfrutar con mi familia. Es malo cuando hay mucho viento y lluvia, ahí tenemos que encerrarnos y hacer cualquier actividad dentro de la casa. Y cuando hay mal tiempo...uffff, todo mal."


"Cada tres meses nos abastecen con comida. Paula tiene que ver bien cuánto va a pedir y las cosas que necesita para tres meses."

La rutina de la familia chilena de los Valenzuela que vive en el fin del mundo. Foto: Gentileza Guillermo Gallishaw



Amanece en el Cabo de Hornos, el punto más extremo de América. El capitán del crucero de expedición Vía Australis, Jaime Iturra, anuncia que las condiciones son propicias para el desembarco, algo que no se da casi en la mitad de los viajes. Sopla una leve brisa, el mar que separa América del Sur con la Antártida está calmo. Ningún rastro de las olas de hasta quince metros que se desatan en días de tormentas.
Desde la costa, en la isla se ven cientos de escalones que conducen a un albatros en vuelo, un homenaje a los marinos que perdieron sus vidas en ese mar furioso. Escribió la chilena Sara Vial un poema que se exhibe al pie del pájaro metálico de siete metros. Soy el Albatros que te espera en el final del mundo/Soy el alma olvidada de los marineros muertos que cruzaron el Cabo de Hornos desde todos los mares de la tierra/Pero ellos no murieron en las furiosas olas,/hoy vuelan en mis alas,/hacia la eternidad,/en la última grieta de los vientos antárticos.
Unos metros más allá, un cartel de tronco anuncia Alcaldía de Mar Cabo de Hornos, de la Armada de Chile. Esta isla se encuentra en aguas territoriales del país cordillerano. Aquí está el faro del fin del mundo; al lado de esta guía de los marineros, hay una casa. En ella habita durante un año un farero con su familia. En este sitio están desde diciembre pasado Andrés Valenzuela, su esposa Paula y el hijo de ambos, Matías, de doce años. Ellos fueron seleccionados entre unas 400 familias postulantes para manejar el faro, controlar el radar, medir y transmitir en tiempo real los datos meteorológicos, entre otras tareas.
Una capilla, una casa y una bandera chilena rodean el faro del fin del mundo. Foto: Verónica Dema


Una casa acompaña al faro del fin del mundo, la guía para los navegantes del Cabo de Hornos, allí donde se juntan los océanos. Foto: Verónica Dema

La única zona edificada de la isla: una capilla, un faro y la casa que habita una familia chilena que custodia el lugar. Foto: Verónica Dema 
El albatros, la escultura de acero que se alza en la isla donde unos 10.000 navegantes perdieron sus vidas. Foto: Verónica Dema


Los primeros meses no son tan desolados: es temporada de cruceros y llegan cientos de turistas cada vez a visitarlos, a comprar algunos de los productos típicos que ofrecen en una pequeña tienda montada en la casa. Pero desde abril a septiembre es la ausencia absoluta, sólo se tienen ellos tres. Más allá y más acá, el mar.
La llegada de este contingente de un crucero desordena la calma del lugar. Viajeros de distintas parte del mundo, cada uno con su cámara de fotos, intercambian palabras con el farero y su familia. Todos se concentran en un pequeño living con mostradores llenos de artesanías. Algo alcanzan a contar Andrés y su esposa de su experiencia allí. Él habla de los puntos que suma en su trabajo si pasa por esta experiencia, de las ganas que tenía de estar con su familia, algo que no puede hacer mientras navega. Paula dice que está contenta pero también expectante por los meses de soledad que le esperan. El pequeño Matías, cuando entra en confianza, desliza que extraña a sus amigos. En medio del alboroto, Andrés se hace un minuto y anota su mail a LA NACION para, entonces sí, poder explayarse mejor en un momento de tranquilidad de los que abundan en la isla.
Los viajeros suben más de cien escalones hacia el monumento y el faro en el Cabo de Hornos. Foto: Verónica Dema

El desembarco en zodiac a la isla de Cabo de Hornos; a lo lejos, el crucero Vía Australis espera las tres horas que dura el recorrido. Foto: Verónica Dema

Una capilla de pocos metros resiste la intemperie de los vientos helados del sur.

La sala de monitoreo en la casa que habita la familia del alcalde Andrés Valenzuela. Foto: Verónica Dema

Andrés, Paula, Matías y el caniche Melchor estarán durante un año velando por la seguridad marítima en el faro. Foto: Gentileza Familia Valenzuela


- ¿Cuáles son sus actividades en el día?, pregunta LA NACION a Valenzuela por mail casi dos meses después de la visita
- Mis actividades son velar por una navegación segura a los buques que transitan por el Cabo de Hornos, informar los cambios al sistema climatológico, el mal tiempo. También la recepción de visitas en la isla. Para esto nos levantamos muy temprano en período de visitas, alrededor de las 5.50 y en invierno que no vienen visitas a las 9. Al meteo (sistema meteorológico) lo tengo que anunciar por radio cada tres horas día y noche, comenzando a las 8 y terminando a las 3. Paula y Matías se levantan a la misma hora que yo.
- ¿Qué ventajas tiene para su carrera estar un año en el Cabo de Hornos?
- Estar aislado un año me sirve para mi jubilación, ya que éste vale por dos, es decir, si yo me jubilo a los 30 años, tendría que trabajar solamente 29. Es el reconocimiento de estar solo aquí un año. Mis compañeros de trabajo reconocen el sacrificio.
- ¿Cuál es un buen día y cuál un mal día?
- Un buen día es cuando hay sol y puedo salir a caminar y disfrutar con mi familia. Es malo cuando hay mucho viento y lluvia, ahí tenemos que encerrarnos y hacer cualquier actividad dentro de la casa. Y cuando hay mal tiempo...uffff, todo mal.
- ¿Qué es lo más difícil de estar tan lejos?
- Cuando pasa algo inesperado y no puedes viajar, algún accidente de un familiar, un fallecimiento, como nos tocó el año pasado. Falleció el abuelo de Paula y no pudimos viajar. Para Matías lo más difícil fue dejar a sus amigos del colegio y de su club deportivo donde jugaba al fútbol. Para Paula, según me cuenta, el mall y las compras. Jajaja.

El Cabo de Hornos en Chile.

- ¿Qué tipo de comunicación tienen?
- Tenemos teléfono, malísimo el enlace pero tenemos; Internet, solamente para mi trabajo; comunicación en VHF [Very High Frequency] y HF [High Frequency] con los buques y veleros que navegan por la zona. Si se corta Internet avisamos por sistema de VHF o HF a la alcaldía más cercana, ellos nos hacen de enlace y pedimos que nos reestablezcan el sistema. Con ésto nos comunicamos con nuestras familias, amigos y maestros del Mati.
Matías está en séptimo grado, pero como no puede cursar su padre le da clases. Cuando recibieron el último crucero de la temporada de verano, en abril, aún no habían empezado. Ahora están en pleno año lectivo. "Las clases van súper bien, además Matías es muy buen alumno, nunca ha tenido problemas de aprendizaje", dice su papá. "Yo le enseño un poco, luego él repasa y al final del día le hago un examen. Las clases son de 10 a 12 y luego de almorzar retomamos de 15 a 17". Para validar sus clases, antes de reincorporarse al próximo curso Matías deberá dar una evaluación final similar a la de un alumno libre.

UN CUMPLEAÑOS EN LA ISLA



- ¿Cómo se entretienen?

- Somos re buenos para el cine, así que tenemos muchas películas. Me traje mi blu-ray y el disco duro lleno de películas. Además de cartas, dominó. Bueno, a todo esto también preparar y dar las clases a Matías es divertido. Cuando hay sol salimos a jugar fútbol todos: Matías, Paula, Melchor (mi perro) y yo.

- ¿Qué películas vieron este año?

- Nos encanta ver películas. Almorzamos y, sagradamente, al terminar nos sentamos con algún postre a ver una o dos pelis todos los días. Aparte tengo un amigo que cada tres meses cuando viene el buque de la armada me manda películas nuevas. El último estreno que vimos fue Titanic jajajajaja. No, es una broma. El último estreno que vimos fue Doce años de esclavitud.

- ¿Qué provisiones tienen para comer?
- Cada tres meses nos abastecen con comida. Paula tiene que ver bien cuánto va a pedir y las cosas que necesita para tres meses. Hay de todo, solamente tiene que enmarcarse dentro de 450.000 pesos chilenos [equivale a unos 6500 pesos argentinos] para carne, fruta, verdura y golosinas.
- ¿Cómo es pasar un cumpleaños en la isla?
- Matías estuvo de cumple el 18 de diciembre, estuvimos de aniversario de matrimonio el 23 de abril, Paula estará de cumple el 25 de septiembre y yo el 10 de diciembre. Como buen esposo y papá tengo que hacer tortas siempre: yo les he preparado las tortas viviendo en la ciudad o aquí, así que no es nada nuevo para mí. Igual estamos muy solitos en los cumpleaños.

Ver La familia más austral del mundo en un mapa ampliado
En la visita a la isla Andrés Valenzuela cuenta que la vida de marinero es muy dura. Sobre todo, por el tiempo que se vive afuera de la casa, separado de los afectos. "Hace quince años que navego. Y los últimos cuatro no paré, no pude estar casi con la familia", dice Andrés en Cabo de Hornos. "Por eso me postulé. Ahora sí que vamos a estar juntos", agrega, los mira y se ríe, como recordándoles el desafío.
- ¿Cómo se llevan en familia las 24 horas juntos?
- Nos llevamos bien, a veces, tenemos algunas diferencias de opinión como en cualquier familia. Pero bien. Ahora nos estamos conociendo mucho más de lo que creíamos. Por mi trabajo pasaba mucho tiempo navegando o fuera del país. Ahora que estamos las 24 horas juntos pude conocer mejor el temperamento de los dos, lo que les gusta y lo que no. A veces hago algo que no les gusta de mí, van y me lo dicen, se va aprendiendo mejor cómo vivir día a día.
- Si alguien se enferma, ¿cómo hacen?
- Cuando una persona se viene aislada le dan clases de muchas cosas y, dentro de éstas, está primeros auxilios. Tenemos un stock de medicamentos y cuando es muy complicado viene un helicóptero y hace una aéreo-evacuación de emergencia.
A pocos pasos de la casa hay una capilla de troncos. Hasta allí llegó la estampa del papa Francisco, que parece el protector del lugar junto a la virgen y algunos santos rodeados de velas y flores de plástico.
- ¿Visitan la capilla? ¿Alguna vez algún sacerdote dio una misa?
Una capilla de troncos, a pasos de la casa. Foto: Verónica Dema

- Mi esposa es más católica que yo, pero todos le pedimos a Dios por la salud, que no falten los alimentos, que no nos enfermemos. Nunca ha venido un sacerdote, solamente cuando inauguraron el faro. Pero teniendo fe, no importa lo demás.
- ¿Qué es lo primero que les gustaría hacer cuando vuelvan a tierra?
- Mira la paradoja: Paula quiere ir a conocer Ushuaia. Yo quiero conocer Buenos Aires y Matías no ve la hora de jugar a la pelota con sus viejos amigos. Cuando nos pongamos de acuerdo sobre lo que vamos a hacer te aviso, jajaja.
Andrés, el alcalde de El Cabo de Hornos, se despide con bendiciones, besos y abrazos. Agrega que "lo más importante para poder estar solos es el amor y la unión de la familia: eso lo soporta todo". Promete conocer la Argentina. Uno lo imagina en la sala de monitoreo frente a su computadora y otras pantallas soñando con la posibilidad de volver a viajar, de navegar de nuevo esos mares helados
 La Nación

MIS FOTOS/AMANECIENDO EN EL ESTRECHO DE MAGALLANES



¡Ya viene el soool!























martes, 10 de junio de 2014

PATAGONIA: Torres del Paine: la octava maravilla


No hacía falta que nadie dijera que Torres del Paine es una de las maravillas naturales del mundo para saber que la belleza de sus lagos y picos admite pocas comparaciones

El equilibrio biológico hace que gran cantidad de especies muy representativas de la región tengan un refugio en esta área natural protegida

En un mismo día de verano aquí puede hacer frío, calor, lluvia y nieve, y es posible llegar a ver un arco iris tanto por la mañana como por la tarde

Tras sobrevivir a la ola de frío de las montañas Rocosas, viajar al hemisferio sur y cambiar el invierno por el verano se presenta como el mejor regalo de Navidad. Es cierto que el verano del lugar adonde vamos no es demasiado caluroso: cerca de las montañas de los Andes y sus glaciares, los meses estivales son más bien frescos.
Nuestro nuevo destino es la Patagonia, una de las áreas con más personalidad del territorio americano. Nuestro vuelo, de Denver a Buenos Aires, atraviesa en línea recta América Central y gran parte de Suramérica tras recorrer una distancia de más de 10.000 kilómetros. Poco después de aterrizar en la capital, tenemos que tomar otro avión hasta el sur de Argentina.

En El Calafate, lugar de inicio de nuestra aventura en Patagonia, pasamos unos días disfrutando de la amabilidad argentina y el buen tiempo, sin nieve ni frío aunque con mucho viento.
El topónimo Patagonia procede del nombre que el famoso navegador del siglo XVI Fernando de Magallanes dio a una de las tribus nativas de esta región, los aónikenk o tehuelches, que se localizaban entre el río Santa Cruz (en la región argentina homónima) y el Estrecho de Magallanes. Él los llamó patagones, nombre inspirado en el gigante Patagón, a causa de su considerable estatura y corpulencia.

Los Cuernos del Paine, excepcional telón de fondo del lago Pehoé. | Foto: Andoni Canela

Había estado allí doce años atrás, y ahora tengo la sensación de que este lugar ha cambiado muchísimo: el turismo ha multiplicado por varios dígitos la población y las infraestructuras.
Desde El Calafate, se tarda entre seis y ocho horas a llegar por tierra hasta Torres del Paine, en Chile. Este Parque Nacional, constituido en 1959 y declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1978, está situado al sur de la Patagonia chilena y se considera la octava maravilla del mundo a causa de la belleza de sus paisajes, donde se encuentran enormes extensiones de pradera o estepa patagónica, grandes formaciones lacustres, glaciares muy antiguos y bosques autóctonos de lenga y ñire.



También destacan las impresionantes montañas de granito que forman parte de los Andes patagónicos, entre las cuales se encuentran formaciones de entre 2.000 y 3.000 metros de altura como los Cuernos del Paine o el Paine Grande. Pero son particularmente conocidas las Torres del Paine, tres torres de entre 2.600 y 2.850 metros de altura modeladas por la acción de los glaciares de esta área y que dan nombre al parque.
Decidimos alojarnos bajo los Cuernos del Paine, junto al lago Pehoé. Al igual que los otros lagos y lagunas del parque, el Pehoé presenta unas aguas azul turquesa que le confieren una belleza espectacular y que, con la ayuda de las olas creadas por un viento casi constante, te hacen pensar que estás junto al mar.



De hecho, en la lengua aónikenkpaine significa azul, un color que se convierte en el emblema cromático de este lugar. La Patagonia ya es de por sí un sitio mágico, y dentro de su inmensidad el Parque Nacional de Torres del Paine es sin duda un lugar con un encanto especial. No hacía falta que nadie dijera que Torres del Paine es una de las maravillas naturales del mundo para saber que la belleza de sus lagos y picos admite pocas comparaciones.
Pero hay algo todavía más importante: el equilibrio biológico hace que gran cantidad de especies muy representativas de esta región tengan un refugio en esta área natural protegida. En Torres del Paine viven mamíferos como el puma, el gato de Geoffroy, el huemul, el guanaco, el zorro culpeo y el zorro chilla, el chingue (o mofeta) y el armadillo. Y también se encuentran aquí más de cien especies de aves, entre las cuales están el cóndor, el carancho (o caracará), el ibis y el ñandú.


El guanaco, uno de los animales característicos de las montañas y llanuras sudamericanas. | Foto: Andoni Canela
De entre todos estos animales hay uno que destaca por su abundancia y para nosotros también por su relación con el puma, máximo depredador del lugar y animal protagonista de esta parte de nuestro proyecto. Se trata del guanaco, un camélido salvaje que vive en las montañas y en las grandes llanuras sudamericanas.
Al poco de entrar en el Parque ya nos encontramos con un grupo de guanacos que descansan con sus crías junto a un lago rodeado de montañas. Hay unos cuarenta chulengos, que es como llaman por estas tierras a las crías de entre uno y dos meses de edad. Algunos juegan entre ellos mientras otros permanecen sentados en la hierba.



Decidimos hacer una caminata por un sendero que sube hacia unas montañas desde las cuales podremos observar el paisaje abierto de los alrededores. Al inicio del camino, junto a una laguna, una pareja de canquenes (gansos patagónicos) con siete pollitos se apartan sin demasiado jaleo del camino mientras unos ñandúes (muy similares a las avestruces) caminan con las montañas de fondo ofreciéndonos una bonita instantánea.
Es muy temprano y el viento, que baja gélido de los glaciares colgantes del Paine, supera los 80 kilómetros por hora. Bajo cero en pleno verano y una sensación térmica insoportable motivada por el viento helado y feroz. Sin embargo, unas horas después, a media tarde, el viento para, sale el sol y nos ponemos en mangas de camisa.
En un mismo día de verano aquí puede hacer frío, calor, lluvia y nieve, y es posible llegar a ver un arco iris tanto por la mañana como por la tarde. Pero también hay jornadas totalmente dominadas por el calor intenso, y ésta ha acabado siendo una de ésas.


El cielo queda despejado y se pueden ver perfectamente los Cuernos del Paine, libres de nubes con la cálida luz del sol pintándolos de negro. Éste es uno de los días más limpios de las dos primeras semanas de nuestra estancia en la Patagonia. Los arbustos de calafate están cargados de frutos (muy similares a los endrinos del pacharán) y los roquedos donde pueden estar los pumas, en la cima de las montañas, parecen muy cercanos y asequibles. De camino hacia allí, es difícil resistirse y no parar a mirar el paisaje, pero la necesidad de rastrear hace que tengamos que seguir adelante.
Los paisajes patagónicos bañados con buena luz son algunos de los lugares más bellos del planeta. Pasamos junto a una pequeña laguna y tenemos que subir por una ladera empinada para disfrutar de una buena visibilidad.
Desde las alturas, se observa un cerro orientado hacia el lago de Sarmiento y otros lagos y lagunas que se pierden en el horizonte. Todos tienen un color azul intenso que nos alegra la jornada. Esa sensación se repetirá en los siguientes días.

Andoni Canela es un reconocido fotógrafo de naturaleza cuyo trabajo ha aparecido publicado en cabeceras como National Geographic, Time o Geo. Su serie de artículos Espíritu Salvaje, fruto del proyecto Looking for the Wild que lo llevará a viajar por todo el mundo en busca de los animales más representativos de cada continente, aparece publicada cada mes en Quesabesde
Quesabesde