martes, 1 de septiembre de 2026

Jemmy Button, la Antártica y la batalla por el sur del mundo por Juan Pablo Berlinger


Hay libros que cuentan una historia. Y hay libros que intentan explicar un país. Rara vez ambas cosas ocurren al mismo tiempo.                                                 

Sin embargo, en JEMMY BUTTON: Después del regreso y CHILE: Geopolítica Austral y la Proyección Antártica en el siglo XXI, el extremo austral deja de ser un simple escenario geográfico para convertirse en el protagonista de una misma pregunta estratégica: ¿ha comprendido Chile realmente el valor del territorio austral?                                                                                                           

A primera vista, ambas obras parecen pertenecer a géneros distintos. Una es una novela histórica centrada en la vida de Orundellico, más conocido como Jemmy Button, el yagán llevado a Inglaterra por FitzRoy y devuelto posteriormente a Tierra del Fuego.

La otra es un ensayo geopolítico sobre la proyección austral y antártica de Chile en el siglo XXI. Pero bajo la superficie comparten una misma obsesión: el poder. 


En JEMMY BUTTON: Después del regreso, Jemmy aparece como una “frontera viva” entre dos mundos incompatibles. No es simplemente un indígena arrancado de su cultura ni un experimento exitoso del imperialismo británico. Es el espacio donde chocan dos formas de entender la realidad: una civilización marítima e indígena, y un imperio que pretende clasificar, educar, traducir y finalmente administrar aquello que no comprende. 

La novela muestra algo que muchas veces la historiografía tradicional oculta: que el colonialismo no comienza necesariamente con cañones o banderas.

A veces empieza con escuelas, traducciones, misiones religiosas, tribunales y relatos. El Imperio británico no necesitó ocupar completamente Tierra del Fuego para influir sobre ella. Bastó con definir quién era civilizado, quién debía ser evangelizado y quién tenía autoridad para narrar los acontecimientos del territorio.                                                                                                         

Esa misma idea reaparece, ampliada, en CHILE: Geopolítica Austral y la Proyección Antártica en el siglo XXI. Allí el argumento es igualmente incómodo: la geografía por sí sola no produce poder.                                          

Lo que produce poder es la capacidad política de convertir una ventaja territorial en una estrategia nacional coherente. Chile posee una ubicación privilegiada frente a la Antártica, pero esa ventaja carece de valor si no está acompañada por infraestructura, ciencia, logística, narrativa estratégica y voluntad política.            

En ese sentido, los dos libros funcionan como un espejo temporal. Jemmy Button muestra cómo el sur ingresó a las redes globales de poder en el siglo XIX. La geopolítica austral muestra cómo ese mismo sur vuelve a ocupar una posición central en el siglo XXI.                                                                   

Cambian los actores, cambian las herramientas y cambian los discursos, pero la estructura permanece sorprendentemente similar.                                              

El lector atento descubrirá que Jemmy no es solamente un personaje histórico. Es una metáfora nacional. Representa a un territorio cuya historia fue interpretada desde fuera antes de ser comprendida desde dentro. Representa también la permanente tensión chilena entre poseer espacios estratégicos y carecer de una narrativa capaz de proyectarlos. 

Quizás por eso ambas obras convergen en Puerto Williams, Punta Arenas, Tierra del Fuego y la Antártica. No porque sean lugares remotos, sino porque constituyen el centro de gravedad de una discusión que Chile ha postergado durante demasiado tiempo. Mientras gran parte de la política nacional sigue mirando hacia Santiago, el Pacífico sur y el espacio antártico se están transformando en escenarios crecientemente relevantes para la ciencia, la logística, el turismo polar y la competencia estratégica internacional.                    

La lección final de estos dos libros es profundamente chilena. Jemmy Button enseña que quien controla el relato termina condicionando el territorio. La geopolítica austral sostiene que quien controla las puertas de acceso termina condicionando el futuro. Son dos formas distintas de describir el mismo fenómeno: el poder pertenece a quienes son capaces de interpretar, proyectar y organizar el espacio. 

Por ello, Jemmy Button y Chile: Geopolítica Austral no deben leerse por separado. La novela explica cómo comenzó la historia.

El ensayo explica por qué esa historia sigue vigente.                                           

Uno rescata la memoria humana del extremo austral; el otro propone una estrategia para su futuro. Juntos constituyen una invitación a pensar Chile desde donde realmente empieza: no desde el centro político del país, sino desde los vientos, canales e islas del sur que durante dos siglos han conectado a Chile con el mundo.                                                                                                        

Porque al final, la verdadera pregunta no es quién fue Jemmy Button. Tampoco qué hará Chile en la Antártica. La pregunta es otra: ¿seremos capaces de comprender que el extremo austral nunca fue una periferia, sino el lugar desde donde se decidirá buena parte de la relevancia estratégica de Chile en el siglo XXI?                                                                                                

  Juan Pablo Berlinger                                                                                       

INFOGATE                                                                                                        


miércoles, 26 de agosto de 2026

Magallanes: el descuido de Chile por Paz Zarate


 El tema, entonces, está lejos de haber sido zanjado por “coincidencia total y absoluta” de visiones, como afirmó ilusionado el Ministro del Interior. Al contrario, las autoridades argentinas continuarán, cada tanto, afirmando una visión que pasa a llevar la soberanía de Chile.

Son muy malos tiempos para las relaciones internacionales de Chile. Las últimas horas lo han sido especialmente: voces en las Fuerzas Armadas argentinas levantan -reiteradamente y en público- la tesis de una soberanía compartida en el estrecho de Magallanes. Argentina saca un comunicado que, en vez de corregir esas voces, las avala entre líneas. Y el Presidente de la República de Chile “agradece” esa declaración argentina.

Desmenucemos.

Esta es la segunda vez en cuatro meses en que Chile debe salir a reafirmar su soberanía. Como se recordará, en abril pasado el Jefe del Servicio de Hidrografía Naval argentino afirmó en un podcast que la boca del Estrecho de Magallanes pertenece a Argentina.

En ese momento, la entonces vocera de Gobierno, Mara Sedini, no fue capaz de afirmar ante la prensa la soberanía de Chile en el estrecho de Magallanes. Esa misma tarde, el canciller la dedicó a filmar y lanzar un video sobre lo ricas que son las empanadas, demorando hasta el día siguiente su atención al tema del estrecho, al que le dedicó… un video de solo 30 segundos donde leyó un texto que afirmaba la soberanía chilena. No hubo nota de protesta de la Cancillería.

Anteayer, el Jefe del Estado Mayor de la Fuerza Área argentina, también en un podcast, afirmó que “lo otro que tenemos muy importante…. Magallanes, el sur, el Drake, todo eso es soberanía, que hay que mantener ahí, hay que hacer presencia porque eso es una llave bioceánica Atlántico-Pacífico”.

El impacto en Chile de estas declaraciones motivó al Canciller Pérez a… hacer otro video (al parecer cree que la diplomacia se conduce vía Tik Tok). En una calle de Hanoi, con tráfico atrás, a la rápida y sin convencimiento, leyó desde un celular un texto que él mismo catalogó de “llamado severo” -lo que se contradecía con la pobre puesta en escena-, donde pedía a las “autoridades de otros países” ser responsables y “no confundir a sus ciudadanos.”

Horas más tarde, la Cancillería Argentina sacó un comunicado breve, pero decidor. En su primer párrafo, reitera la existencia y vigencia de los instrumentos bilaterales. Lamentablemente, esto no es un reconocimiento de la soberanía chilena, como ha creído el Presidente Kast en lectura ligera, ya que respecto de un mismo instrumento puede haber distintas interpretaciones: soberanía compartida del Estrecho de Magallanes versus soberanía exclusiva de Chile. Argentina no contradice la interpretación que han hecho pública sus militares y nunca reconoce que el estrecho es chileno. Para entender esto, hay que seguir leyendo el resto del comunicado y conocer algunos elementos de política exterior.

En el siguiente párrafo, Argentina releva “como cuestión de Estado” toda la región austral del continente americano (es decir, no solamente su parte), y reitera que defiende sus derechos e intereses (los intereses se tienen donde no hay derechos) en recursos naturales y rutas marítimas.

Aquí debemos recordar que está vigente el decreto argentino N° 256 de 2010,  que obliga a los buques de cualquier bandera a pedir permiso a Argentina al entrar o salir del Estrecho chileno. Chile protestó ante este decreto, al considerar que la medida afecta la libertad de navegación y contraría el Tratado de Paz y Amistad de 1984 y al Tratado de Límites de 1881. Pero el decreto sigue vigente y se suma a intensas presiones hechas a Chile a través de los años respecto a la navegación de buques ingleses.

Como reveló hace tres años el audio filtrado de una conversación entre la entonces canciller Urrejola y su equipo, existe un acuerdo según el cual Chile se comprometió a no permitir la recalada de buques ingleses en sus idas o venidas a las Malvinas/Falklands. Como Chile ha aceptado estas presiones, el importante comercio entre Punta Arenas y las islas ha sido destruido.

Entonces, Argentina no solo elude deliberadamente reconocer la soberanía de Chile sobre el Estrecho, sino que a continuación, en su comunicado, pasa a hablar de cooperación en la Antártica: otro espacio geomorfológico, bajo otro régimen jurídico, y donde muchos países (incluidos Chile y Argentina) efectivamente cooperan en aras de la ciencia. Aquí Argentina habla de una supuesta coadministración chileno-argentina en “zonas especialmente protegidas”. No hay tal coadministración.

Ahora bien ¿Cuál es la relación entre la Antártica y la soberanía chilena en Magallanes? Ninguna, salvo que en el estrecho Argentina también aspira a la mentada coadministración. Es decir, su aspiración es que Chile deje que Argentina coadministre lo que es territorio chileno.

El último párrafo del comunicado se limita a decir que las cuestiones de interés común se tratan vía canales institucionales. Qué alivio, ¿no?

Lamentablemente, eso no ha garantiza nada positivo, cuando la parte chilena está totalmente despistada en lo geopolítico y hasta en lo legal. La directora jurídica de la Cancillería, formada en compliance en el mundo privado, no tiene expertise en derecho internacional público; es decir, no sabe de derecho de los tratados, práctica diplomática y temas fronterizos.

Ah, y el asesor internacional de la Presidencia, el guía de Kast en estas materias, no está titulado de abogado, no tiene estudios de relaciones internacionales, y es argentino. Con esos asesores, la esperanza de que la nota de protesta enviada a Argentina diga lo que debería decir, es cercana a cero.

El tema, entonces, está lejos de haber sido zanjado por “coincidencia total y absoluta” de visiones, como afirmó ilusionado el Ministro del Interior. Al contrario, las autoridades argentinas continuarán, cada tanto, afirmando una visión que pasa a llevar la soberanía de Chile, o haciendo gestos de tejo pasado (recordemos los paneles solares).

Eso ya no debe sorprendernos. Lo que sí debe sorprendernos, e indignarnos, es el despiste del Gobierno chileno en la defensa de nuestra soberanía.

Paz Zárate

Abogada experta en derecho internacional
El Mostrador

sábado, 20 de junio de 2026

PATAGONIA: Punta Arenas: Inauguración de mural en homenaje a la inmigración croata

 



La obra busca destacar el legado de los inmigrantes croatas que llegaron a la región de Magallanes a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, contribuyendo al desarrollo económico, social y cultural de esta zona austral

Un nuevo espacio de memoria y reconocimiento al aporte de la comunidad croata fue inaugurado en el sector del Cerro de la Cruz, en Punta Arenas. Se trata de un mural elaborado con técnica de cerámica que fue instalado en el cierre perimetral de las dependencias de Aguas Magallanes, sumándose a otras expresiones artísticas presentes en las calles Waldo Seguel y Arauco

Un homenaje plasmado en cerámica
El mural fue realizado por el ceramista Rodrigo Barría, quien trabajó durante cerca de un mes y medio, explicando que la obra representa la llegada de los inmigrantes croatas a la región, incorporando elementos históricos y culturales vinculados a aquella época.

La composición incluye embarcaciones utilizadas en los procesos migratorios, vestimentas típicas de los primeros colonos y diversos símbolos relacionados con la presencia croata en Magallanes, reflejando el esfuerzo y sacerificio de quienes se establecieron en este territorio

Preservar la memoria histórica
Durante la ceremonia de inauguración, representantes de la comunidad croata destacaron la importancia de mantener viva la historia de quienes ayudaron a construir la identidad regional.

La presidenta del Club Croata de Punta Arenas, María Angélica Mimica, señaló que este tipo de iniciativa permite trasmitir el legado de las generaciones fundadoras a los jóvenes y a las futuras generaciones.

Indicó que los inmigrantes croatas desempeñaron un papel fundamental en la construcción de la sociedad magallánica, dejando una huella que continúa presente hasta la actualidad.

Un nuevo símbolo para la ciudad
Por su parte, el cónsul de Croacia en Magallanes, Alfredo Fonseca, destacó que el mural se suma a los numerosos símbolos existentes en la región que recuerdan la influencia de la colectividad croata.

Monumentos, calles, plazas y diversos espacios públicos dan cuenta del aporte realizado por esta comunidad desde su llegada a Magallanes y esta nueva obra artística se incorpora como un nuevo testimonio de esa herencia histórica.

La inauguración del mural marcó, además, el cierre de las actividades desarrolladas en la región con motivo de la conmemoración del Día Nacional de Croacia, reafirmando los vínculos históricos y culturales que unen a Magallanes con la comunidad croata.

Fuente: ITV

ANTÁRTICA: S5 Ep14: Secret Santa, halloumi and The Thing: a very Antarctic Midwinter

 


The 21st of June marks one of the most significant dates in the Antarctic calendar - Midwinter. It's the moment the darkness stops deepening and the light begins, slowly, to return. To mark the occasion, Nadia Frontier is joined by three people currently spending their winter down south: Josh, an electrician at Rothera Research Station on the Antarctic Peninsula; Catherine, a zoological field assistant tracking leopard seals at the tiny four-person station of Bird Island; and Cami, a marine biologist at King Edward Point on South Georgia. Between them, they span three very different Antarctic experiences and share what it really feels like to live through a polar winter, how their stations are marking the occasion, and why Midwinter can mean even more than Christmas when you're this far from home. From secret gift-making and hedgehog halloumi to French political campaigns and kit bag escapology, this is a warm and joyful celebration of community, resilience and Antarctic life.

British Antartic Survey

miércoles, 20 de mayo de 2026

ANTÁRTICA: El auge del turismo pone en peligro la Antártida • Vida en el planeta • RFI Español

 


El crucero MS Fram navega por el estrecho de Gerlache —que separa el archipiélago de Palmer de la península Antártica— el 20 de enero de 2024. Científicos e investigadores de diversos países colaboran en proyectos durante la X Expedición Antártica a bordo del buque de investigación colombiano «ARC Simón Bolívar», diseñado exclusivamente para desarrollar proyectos científicos. Estas iniciativas consisten en analizar el estado actual del mar Antártico, estudiar la presión atmosférica y realizar un seguimiento de las especies que habitan esta región del planeta. AFP - JUAN BARRETO


A pesar de que la Antártida no pertenece a ninguna nación y que, según el Tratado de Washington de 1959, debe ser dedicado exclusivamente a actividades pacíficas y científicas, el turismo en el continente helado se ha triplicado en la última década. Entrevista con el científico y climatólogo Raúl Cordero que llama a poner coto a un turismo que amenaza con convertir a la Antártida en un balneario para ricos.

Admirar paisajes helados que serán cada vez más excepcionales con el calentamiento global, avistar pingüinos y cachalotes y experimentar los atardeceres polares son algunas de las experiencias únicas que atraen a cada vez más turistas en la Antártida. A pesar de que este continente al sur de nuestro planeta no pertenece a ninguna nación y que, según el Tratado internacional de Washington de 1959, debe ser dedicado exclusivamente a actividades pacíficas y científicas, se observa un boom del turismo en el continente helado.

Y es que, además de los cruceros para admirar los icebergs, las agencias de viajes se proponen hacer kayak entre los icebergs, bucear o incluso tomarse una copa de champaña en la banquisa. El elevado costo de los viajes - entre 5.000 $ y 100.000 $ para los tours más lujosos- no impide el aumento sustancial del turismo en este continente. Durante la temporada 2024-2025, se registraron cerca de 118.162 visitas en la Antártida -principalmente estadounidenses -, una cifra que se ha triplicado en una década. Y de estos miles de turistas, cerca de 90.000 de ellos pisaron el continente blanco.

Este boom del turismo antártico, sin embargo, ya tiene impactos en la nieve y pone en riesgo la tranquilidad y la salud de la fauna.

En este contexto, varias voces piden poner coto al turismo en este continente que pertenece a todos y a nadie al mismo tiempo. Aunque en la última temporada, la Asociación de Turoperadores de la Antártida (IAATO) observa una disminución del 5% del número de turistas, el científico Raúl Cordero teme que la curva siga aumentando de forma exponencial si no se pone límites al turismo. Desde la Universidad de Groningen, en Holanda, el climatólogo monitorea la contaminación y la calidad del aire en la Antártida gracias a datos de una de las estaciones científicas ubicadas en este continente.

“En la Antártida, de acuerdo, al texto del Tratado Antártico, es el continente de la paz y de la ciencia. Yo creo que tiene que mantenerse de esa manera y convertirlo en el continente de los ricos sería un error”, alerta Cordero, en entrevista telefónica con Radio Francia International.


El climatólogo Raúl Cordero ha realizado cerca de 15 expediciones científicas en la Antártida © Cortesía Raúl Cordero

“Todos los que van a la Antártica como turistas son personas ricas, observa el climatólogo”. “Entonces, convertir en Antártica en un resort de lujo es, digamos, no va en el espíritu del Tratado Antártico. El turismo antártico tiene que ser racionalmente acotado para minimizar los impactos”, recomienda el Cordero, quien ha realizado cerca de 15 misiones de exploración en la Antártida.

La huella de los combustibles fósiles

En 2022, el científico demostró -junto con otros colegas- que el continente blanco ya no era tan virgen como se pensaba. En un estudio publicado en la revista Nature, él y sus colegas demostraron la presencia de carbono negro de origen humano en la Antártica.

“Actividades humanas en general en Antártica, relacionadas con el turismo y la investigación, son muy intensivas en el uso de energía y utilizan mucho combustible fósil diésel, una fuente de carbono negro”, detalla Cordero.

“El carbono negro es material particulado fino que está al depositarse sobre la nieve oscureciéndola, y acelerando su derretimiento”.

Los científicos calcularon que cada turista en promedio es responsable de acelerar el derretimiento de hasta 200 toneladas de nieve. Una cifra que alcanza las mil toneladas para los científicos que visitan la Antártida.

Los científicos per cápita contaminamos cada vez que vamos en la Antártica, porque nosotros nos quedamos mucho más tiempo que un turista, y además utilizamos a veces equipo y maquinaria pesada para diversas actividades científicas”, concede Cordero.

“Esa es una de las razones por las que yo no he ido a la Antártica personalmente en años recientes, porque lo que nosotros hemos tratado de hacer en los últimos años, es mandar solo el número de científicos que realmente es necesario”, asegura.

El riesgo de transmisión de enfermedades

Por su lado, las empresas turísticas aseguran que tratan de minimizar sus emisiones de carbono con el uso de barcos híbridos. Interrogada por RFI, la Asociación de Turoperadores de la Antártida (IAATO) afirma tomarse “muy en serio” el riesgo potencial de transmisión de enfermedades a la fauna silvestre antártica. Sobre todo desde la epidemia de Covid y el brote global de influenza aviar.



En esta fotografía del 26 de enero de 2015, un pingüino papúa se aleja contoneándose por la costa de Punta Hanna, en la isla Livingston, del archipiélago de las Shetland del Sur, en la Antártida. Mientras algunos turistas escalan el monte Vinson, el punto más alto de la Antártida con 4.892 metros, otros buscan la oportunidad de contemplar las vistas de un paisaje de otro mundo o disfrutan observando a los pingüinos. (Foto AP/Natacha Pisarenko) AP - Natacha Pisarenko


“Además de las normas de distancia mínima para garantizar que los pasajeros y la fauna silvestre no entren en contacto directo, las medidas de bioseguridad en la zona del Tratado Antártico incluyen procedimientos de desinfección obligatorios antes y después de cada desembarque, utilizando desinfectantes biodegradables de amplio espectro”, indica la IAATO.

Los turistas que desembarcan en la Antártida deben limpiar a fondo su calzado, su ropa y su equipo para desinfectar y eliminar cualquier material orgánico para evitar traer agentes patógenos.

La detección de una cepa del virus de la gripe aviar H5N1 -altamente letal- en aves y mamíferos antárticos en los últimos años ha despertado las alarmas de la comunidad científica.

“Si el contacto entre humanos y animales es masivo, eso aumenta el riesgo de que haya también la posibilidad de que se traspase un virus entre la población animal y la población humana”, teme Raúl Cordero.

Un tema polémico

La protección de la Antártida será nuevamente un tema de discusión en la conferencia internacional del Tratado Antártico, que tiene lugar este año en Japón.

La limitación del número de turistas - tema que aún no genera consensos - y la suerte del pingüino emperador, una especie amenazada que las ONG ambientales llaman a proteger mejor, serán unos de los asuntos en la mesa de los representantes de los países firmantes del tratado.

Por Raphaël Morán


jueves, 14 de mayo de 2026

Brote de hantavirus pone bajo la lupa a Ushuaia, puerta de entrada a la Antártida

 


La ciudad argentina de Ushuaia, conocida como el fin del mundo, es el punto de partida y llegada de las expediciones a la Antártida. Cada año, unos 150.000 turistas se dirigen al extremo sur del país y, este 2026, las visitas están marcadas por el brote de hantavirus en el crucero MV Hondius, que partió desde allí. Argentina suele sufrir brotes localizados de la enfermedad, pero los focos habituales se encuentran en el centro o en el norte del país, a miles de kilómetros de Ushuaia.

France 24